Quedan pocas semanas (así, a ojo) para alcanzar las mil entradas, y os recuerdo que podéis participar en el Proyecto entrada n.º 1.000. Podéis participar con escritos, ilustraciones, viñetas, videos, fotos o lo que sea, siempre y cuando sea algo relacionado con el blog (y no valen fotos de vuestra boda diciendo "Ese día nos acordamos mucho de ti." Hay que currárselo un poco. No mucho, pero un poco). Espero vuestras colaboraciones (que por ahora ha participado poquísima gente, ¡con la de salemitas que meten caña cuando me salgo un renglón!). Más info aquí.
Podéis retwittear o darle al 'Me gusta' en esta entrada para que más salemitas se enteren. Menuda cara se me quedará como sea un fiasco.
Pssss... No te olvides del Proyecto entrada n.º 1.000
sábado, 13 de noviembre de 2010
Era verano y se me ocurrió hacer de traductor
viernes, 12 de noviembre de 2010
Después de traducir La Enciclopedia (Steve Vander Ark, Ediciones B) respeto más que nunca la profesión del traductor. Fueron unos meses de trabajo muy duro y gratificante. Ahora llega a las librerías para pegar fuerte en las navidades.
Amigos que leen mi blog
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Qué le voy a hacer si en ocasiones me repito. Lo único que le pido a Dios es un poco de retroalimentación.
Clásicos y novedades recientes
martes, 9 de noviembre de 2010
Hace unas pocas semanas, un amiga de primaria me pidió que le recomendase una novedad literaria. Incluso me dijo el último título -también novedad- que había leído, todo para hacérmelo más fácil. Y yo no supe qué recomendarle. Primero porque jamás le recomendaría un libro a un amigo sin haberlo leído primero. Segundo, porque me di cuenta de algo que me había pasado desapercibido hasta entonces: que yo apenas leo novedad.
Cuando no supe qué recomendarle a mi amiga me sentí con las pilas descargadas, como si fallase en algo en lo que se me presumiese bueno. Pero mi amiga fue clara: quería una novedad, y yo no podía dársela. Podía recomendarle muchos títulos de años anteriores, pero no una novedad. No sin haberla leído antes.
Atribuí aquello a esta época hasta que el otro día pensé en los próximos libros que voy a leer. La lista no respondía a ningún criterio salvo a mi estado de ánimo, ya bastante subjetivo, pero bueno, ahí estaban las propuestas: los títulos eran de Dickens, Saramago, Vargas Llosa, Steinbeck, Calvino, Tolstoi y Chesterton. Cuando los vi juntos, me di cuenta que sólo vive uno de los autores, Vargas Llosa, y seguro que no estaría en la lista no de ser porque siento curiosidad por el Nobel. Todos los demás muertos, clásicos desde hace tiempo. Había un título más en la lista que rompe (¡gracias a Dios!) con toda la sintonía: la novela juvenil Percy Jackson I. El ladrón del rayo, de Riordan. El libro tiene cinco años y es lo más novedad que quiero comprar.
Para ser justos, hay otros títulos de juvenil actuales que leo con mucho gusto, pero no los compro porque me los prestan amigos o nos los envían a los redactores de El Templo de las Mil Puertas. La narrativa juvenil es un tema aparte, pero en lo que se refiere a adultos, estoy muy desapegado con la narrativa actual. Quizá podría sentir curiosidad con el último de éste o aquel, pero no se ha dado el caso. No les doy prioridad. Y no será por falta de buenos títulos, seguro, sino porque lo que sé de ellos no me ha conseguido capturar (y buena culpa de ello la tiene que evito las sinopsis como la peste). En fin, me temo que los próximos libros que me regalen no van a ser de rabiosa actualidad, pero pienso disfrutarlos de todas formas. Mientras tanto recomendadme algún libro publicado en 2010, a ver si así puedo reconciliarme con el siglo XXI.

