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Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
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Las canciones más machacadas de 2015

Me chiva Spotify que este año he escuchado 551 horas de música, lo que equivale a 23 días. Eso contando solo la aplicación (ni siquiera sé si también offline), porque en cedés y youtube hay otro tanto. Este es un resumen sin criterio de lo más sonado (en mis oídos) en 2015. También en Spotify.

Laberinto de Verkeren


La verdad de Joe Crepúsculo


La gran esperança roja de Senior i el cor brutal


Lifted Up (1985) de Passion Pit

Reunión en la cumbre de Los Planetas


Disimulando
 de La Bien Querida


What Kind of Man
de Florence + The Machine


Me gritaron negra
 de Victoria Santa Cruz


Solo química
 de Fangoria


Intro de M83


Fiesta de Joan Manuel Serrat

Iron de Woodkid

Pasan los campanilleros
 de Manuel López Farfán


I'm an Albatraoz
 de AronChupa


Latinoamérica de Calle 13

Señora de Rocío Jurado

Elegía a Vainica Doble, posiblemente el mejor grupo menos reconocido de la música española

No sé cómo conocí Vainica Doble. Hace ya unos años, quizá caí por casualidad en su página de Spotify y empecé a escuchar una canción tras otra. El hechizo fue instantáneo y las consecuencias catastróficas: Con las manos en la masa se ha convertido en la canción que más he cantado en los últimos años, y es raro el compañero de trabajo o amigo que no está hasta los mismísimos de escucharla (de escucharla mal, claro, cantada por mí).
Conseguir los discos de Vainica ha sido una de las tareas más complicadas. Son el grupo por el que siempre pregunto en las tiendas de discos de segunda mano, y alguno (como el de versiones de Sisa y Suburbano, increíble) lo he tenido incluso que escuchar prestado. Una vez asistí a un homenaje de Vainica Doble en un pub de Malasaña; no recuerdo a qué amigos obligué a acompañarme, pero imaginad mi cara al ver aparecer a la vainica superviviente, Gloria van Aerssen. La otra mitad del dúo, Carmen Santonja, murió en 2000. Hoy le ha tocado el turno a Gloria.
Vainica Doble es uno de los mejores grupos de nuestra música y también de los menos reconocidos. Fueron arriesgadísimas en la elección de temas y todavía hoy, décadas después, siguen siendo una novedad. Sirva este triste punto y final al grupo para recordar algunos de sus mejores temas, sin orden de preferencia, sin ningún rigor. Faltan todos.


Todo cambia


Los diez temazos más machacados de 2014

Qué libros ni qué películas: esta es una lista musical, de quemar rápido y tararear hasta el infinito. Las diez canciones que más han sonado en mi cabeza (y reproductor) en los últimos doce meses, las diez imprescindibles de mi sesión dj de hoy. Tampoco es que todas sean de 2014, pero al menos sí las he escuchado yo por primera vez. Ya veis: no he sido muy riguroso. Lo único que une a esta canciones es que las he quemado pero bien. Escúchalas one to one o pásate por la lista de spotify.

Zapata se queda de Lila Downs


Lust for You de Skip the Use

Corriendo a ciegas de Bravo Fisher!

El aguante de Calle 13

Monument de Röyksopp con Robyn

Formidable de Stromae

¿Por qué a mí me cuesta tanto? de Asier Etxeandía y Alaska

Applause de Lady Gaga

Ening (Vida) de El Chojín
Wrong Club de The Ting Tings



Si tuviese espacio para más, añadiría The Exodus Song de Andy WilliamsChandelier de Sia, o Me gusta que me pegues de Los Punsetes (ausente en los diez básicos, con gran dolor), otras de Skip the Use o Stromae (que he machacado mucho este año), Dark Horse de Katy Perry y hasta el retorno de Rafaella Carrà, guilty pleasure del bueno. ¡Pero lo bueno se acaba! Tienes los comentarios abiertos para dejar los temazos que serán en 2015.

Mi tirolés interior (y sus tres temas favoritos)

Para no afinar, canto con demasiada frecuencia. Supongo que tiene una explicación científica: es poner el cerebro en stand by y mi tirolés interior entra en acción, da igual lo que esté haciendo. Canto sin darme cuenta (la gente que me rodea, sin embargo, lo sufre mucho) y tengo una capacidad asombrosa para que se me peguen las canciones que acaban de sonar, aunque ni siquiera les estuviese prestando atención. Es curioso, porque a pesar de mi capacidad extraordinaria para cantar sin darme cuenta e impregnarme de lo que suene cerca, soy incapaz de aprenderme dos versos seguidos de una canción. Esa es la segunda parte de la maldición de mi tirolés interior: que no ha memorizado una canción en su vida. Ni cinco palabras juntas. Es imposible. Por más esfuerzo que ponga. Las canciones de mi cabeza son adaptaciones más libres que el concepto de Rajoy de la democracia.
Mi tirolés interior, aparte de imitar (y destrozar) las canciones que suenan cerca, tiene predilección por una selección exquisita de temas. A poco que se me conozca, es muy fácil oírme cantar El ciclo de la vida (mi tirolés interior se curra mucho los coros africanos. Es que tengo una vocación frustrada con el suajili), Noam Chomsky de Astrud o Al vent de Raimon (esta es muy curiosa, porque mi tirolés sólo la canta cuando se dan dos circunstancias: paseo por Tribunal y L.O. está cerca. He conseguido que odie el tema con toda su alma). Sin embargo, hay un podio clarísimo de los temas que más canto cuando desconecto el cerebro, y se mantiene inalterable desde hace años. No hay ninguna razón lógica para esta selección y no consigo quitármelas de la cabeza. Es como una enfermedad. Lástima que ni por esas me aprendo la letra.

Nunca debí enamorarme de Camela
No me gusta Camela. No los conozco de nada. Y ni siquiera me sé el verso principal de la canción (mi tirolés canta «Nunca quise enamorarme» en vez de «debí» y no hay modo de hacerle cambiar de opinión). Es subconsciente tiene túneles extrañísimos, y a mí me encantaría saber quién fue el demonio que me pegó esta canción.


Smelly Cat de Phoebe Buffay
Es la canción que tarareo desde hace más años sin conseguir quitarme de la cabeza. Hay personas que van al psiquiatra por menos, estoy seguro. Creo que Phoebe es buenamente culpable de mi gusto por las canciones tontas.


Con las manos en la masa de Vainica Doble
Pero el puesto número uno, la canción con la que más he mortificado a los seres humanos que me rodean en los últimos años, la que mejor me he llegado a aprender (pero todavía me falta, a pesar de que mi tirolés la canta varias veces al día) es sin duda Con las manos en la masa de Vainica Doble. No hace falta decir que no vi el programa de cocina que popularizó el tema, porque ni siquiera había nacido: lo conocí mucho después. La canción por lo menos me gusta, aunque la tengo un poco machacada. Da igual: mi tirolés no respeta ni eso. Si alguna vez vais por el metro de Madrid y escucháis los primeros versos de esta canción (o una adaptación libre; para el caso es lo mismo), cuidado: ando cerca y pego canciones.

El Papa y el músico

Es primavera cuando el anciano recuerda algo y sale de su despacho en dirección a la biblioteca. Podría haber mandado a cualquiera a buscar los libros que le interesan, pero no quiere que nadie conozca el tema que lo preocupa. Cruza varios pasillos, desconcierta a media docena de guardias (aunque ninguno osará preguntar adónde va, pues él tiene las llaves) y sorprende al bibliotecario, que no se explica a qué se debe semejante visita. Le va a preguntar cuando el anciano lo echa de la sala con educación. Lo tiene que averiguar sin ayuda. Sólo Dios sabe qué pasará si alguien conoce sus intenciones antes de que esté todo listo. Busca la sección que le interesa, echa un vistazo a los libros y escoge un par que podrían tener las respuestas. Después se sienta cerca de una ventana y se dispone a estudiar, a conocer las hipótesis y los antecedentes. Tiene poder para atar en la Tierra como en el Cielo, pero se va a retirar y eso es algo que uno tiene que dejar muy atado.
En Nueva York, los periodistas sospechan un terrible desenlace del otro. También es un hombre mayor, aunque no tanto, pero lleva tiempo recluido. Eso, en según qué ámbitos, no se perdona. Él, sobreexpuesto desde tan joven, lleva casi diez años apartado. Unos fotógrafos han llevado la imagen de su deterioro físico a la portada de una revista. Saltan las alarmas: se habla de que podría morirse pronto. El hombre tuerce la expresión cuando se entera y continúa trabajando en lo suyo, en secreto, igual que el primero.
Cuando Benedicto XVI renuncia, nadie podía imaginar que el gran estudioso del Vaticano pudiese romper una norma no escrita con tantos siglos de costumbre: uno es papa hasta la muerte. Pero aquel al que consideran un retroceso para la Iglesia está acostumbrado a hacer las cosas a su manera, y si bien ha viajado bastante poco desde la última fumata blanca, y no ha besado ningún suelo ni aplaudido en un concierto privado de U2, tampoco se ha quedado de brazos cruzados. Benedicto XVI ha perseguido la pederastia más que ningún papa anterior (y aun así, con mucha menos transparencia de lo que nos gustaría), ha dado el primer paso para que haya curas casados admitiendo a los anglicanos en sus filas y hasta ha aceptado el uso del preservativo para las prostitutas, si bien no le gustan nada ni una cosa ni la otra. Pero oigan, es un paso. Este papa no tiene ningún complejo en revisar la vida de Jesús (el Hijo del Jefe, el Jefe y la palomita milagros a la vez) y separar el mito de la realidad, aunque para ello cargue contra mulas y reyes magos. Por eso tampoco se iba a creer la chorrada de Papa hasta la Muerte, por mucho que lo hayan aceptado todos sus antecesores hasta la extenuación, y deja un mensaje claro y lógico: que los papas son hombres, y no tienen que aguantar más allá de lo que pueden. No se es mejor por apurar el pontificado hasta que te pudres por dentro y por fuera, ni tienes que dar al mundo una lección de sacrificio. No se me ocurre el momento en que Benedicto XVI tiene la idea y busca el modo de llevarla a cabo. Como mano derecha del anterior, veo más posible que le aconsejase la renuncia a Juan Pablo II, aunque este no le hiciese ni caso, y que atesorase la idea para cuando lo nombraron delegado de clase (Clase). Es fascinante que haya guardado el secreto por tanto tiempo, más temeroso de las propias intrigas vaticanas que de pesados periodistas, y que su hermanísimo, un cura alemán sin más currículum que ser hermano de, lo supiese antes que los mandamases púrpuras. Benedicto XVI ha hecho de un acto extraordinario, un acto de humildad: no se siente capacitado para seguir, y punto. Si alguien tiene que dar explicaciones, esos son los anteriores, que siguieron con el anillo por sus huevos; la auténtica soberbia.
De vuelta en Nueva York, David Bowie anuncia todo lo contrario: «Chicos, ni me he retirado ni estoy a punto de morir. De hecho tengo un disco nuevo que explica mi silencio de los últimos años. Estoy muy orgulloso. Espero que os guste». El cantante se ríe de los rumores que lo daban por terminal con un notición que nadie imaginaba; a ver quién se toma en serio los rumores después de escuchar los temas nuevos, que no parecen en absoluto obra de un moribundo. Benedicto XVI, por el contrario, anuncia su adiós en un puesto donde nadie espera deserciones. Uno tiene mucho que ofrecer, le pese a quien le pese. El otro asume sus limitaciones y se marcha al castillo a hacer lo que más le apetece: estudiar. Es ingenuo pensar que Bowie durará para siempre, o que un hombre de la talla intelectual de Ratzinger pueda estarse quieto por demasiado tiempo, pero los dos, a su modo, ponen de manifiesto que incluso a ciertas edades no hay nada escrito, y seguro que han disfrutado con lo absurdo de las especulaciones. Ninguno satisfecho con los plazos que les daban, ya fuese para obligarlos a trabajar hasta morir o para retirarlos antes de tiempo. Y hasta para callar bocas han usado sus plazos, sin decir palabra, esperando el momento para encender la traca. Que a cada uno le vaya bien con lo suyo. Faltan más hombres que demuestren que el futuro no está escrito, ni siquiera cuando tienes edad de estar en un geriátrico. La capacidad de sorprender no es exclusiva de los jóvenes, ni siquiera de los de mediana edad.

Si pudiese abrazar a todos los gatos

Siempre hablaba de mi podio de videos favoritos de Internet, una lista requetepensada donde Las vecinas de Valencia ocupa el primer lugar (repito más sus frases que el tolkiniano) y Ayúdame-tengo-muchos-quehaseres se lleva la plata. Sin embargo, y aunque parezca obligado con un primero y un segundo, no tenía ningún tercer puesto adjudicado. Nada que estuviese ni remotamente a la altura.
Eso fue hasta que mis valencianos me presentaron a eHarmony. Y cambié de idea.
Supongo que los videos frikis de Internet, igual que los clásicos de la literatura, se miden por el poso que nos dejan mucho tiempo después de la lectura. Luego descubrimos que se trataba de una humorista, que todo era una broma y caímos como imbéciles, pero como imbéciles nos reímos.
La cosa empeoró cuando I., D. y R. me mostraron la versión musical. Desde entonces no podemos parar de cantar. Advertidos quedáis. Crea adicción.

El mejor grupo indie español

Si definir indie es complicado, hacer un repaso de lo mejor del indie, que parte del hecho de que si es demasiado conocido deja de serlo y se convierte en comercial, es una tarea tan complicada que jamás se la encargaríamos a un redactor de los 40. Al final, entre pitos y gaitas, sólo podemos fiarnos de un criterio: el nuestro propio. Y esta que sigue es mi personalísima selección de lo mejorcito entre lo mejor del indie, del quinto puesto al primero:

QUINTO, PASTORA, capaces de canciones geniales de pop electrónico y aún mejor, de reversionarse y superarse. Ya escribí sobre ellos.
CUARTO, LORI MEYERS, unos andaluces que están a un tris de entrar de lleno en lo comercial. Mientras sigan en la categoría indie, pueden presumir de los mejores puestos. Ya escribí sobre ellos.
TERCERO, MANEL, por producir dos de los mejorcitos discos de los últimos años y sin necesidad de abandonar su catalán habitual. Ya escribí sobre ellos.
SEGUNDO, LOS PUNSETES, por tener tan mal y buen gusto a la vez. No tienen canción mala. Detrás de sus letras escatológicas hay mucha música. Escucharlos es un camino de no retorno.
PRIMERO, LA CASA AZUL, quintaesencia de la música indie. Guille Milkyway, intérprete y compositor, demostró hace tiempo que no es un fenómeno de tres días. Sus discos son adictivos e incombustibles. Para mí, lo mejor del indie español, en un indie ya de por sí muy nutrido.

Una selección exquisita necesita un corte y elegir cinco grupos (y/o solistas) entre todas las opciones no es un reto fácil. Han quedado fuera otros geniales como Astrud, Joe Crepúsculo, Hola A Todo El Mundo, Los Planetas, La Bien Querida, Antònia Font, Vainica Doble, Triángulo de amor bizarro, Dorian, Klaus & Kinski o Sr. Chinarro. Pero claro: si incluyese a todos estos, la selección ya no sería tanto. Y tú ¿estás de acuerdo con el ranking? ¿Quién te falta o sobra, y en qué posición?

100% aleatorio (cuarta edición, ya)

Cada año tomo pulso a mi iPod y publico una lista con las diez primeras canciones que me salen en el modo aleatorio del reproductor. Con esto pretendo mencionar canciones que de normal no recomendaría (pero que están ahí por alguna razón) o me echo las manos a la cabeza por vergüenza de qué-hace-este-tema-aquí, pero todas las canciones, todas, están ahí porque un día (me guste o no) las guardé. Espero vuestra lista en los comentarios (y no vale hacer trampas). Mi 100% aleatorio de 2011 a continuación:
  1. My love life, Morrisey.
  2. See the world, The Kooks.
  3. Charlie y la fábrica de chocolate (tema de créditos), Danny Elfman.
  4. Barely legal, The Strokes (he necesitado investigar el nombre real de la canción. Hace años renombré todos los temas del grupo en mi iPod y este se llamaba «Guitar»).
  5. Poor Leno, Röyksopp.
  6. Diferentes, Ellos (lo que mismo que dos atrás. En mi iPod la rebauticé como «Lo que dicen de mí» porque perdí el nombre de la canción).
  7. All these things that I've done, The Killers.
  8. Perdiendo el tiempo, Napoleón Solo.
  9. Hey, La Bien Querida.
  10. It's wonderful night, Fat Boy Slim.
La mitad de los temas no son nada representativos entre las 1810 canciones de mi iPod, pero están ahí. De hecho, hace mucho tiempo que no me paro a escuchar a los Strokes, Killers o Kooks, y no recuerdo haber puesto dos veces a Morrisey o los Sunday Drivers. Ninguna canción de la lista me entusiasma a fecha de hoy, a excepción de la de Danny Elfman (que es precisamente una banda sonora).
Y quien tenga morriña, puede consultar los 100% aleatorios de 2007, 2008 y 2010. En 2009 se me pasó por completo. Os dejo con Recession song, de Yan Wagner. Una canción que no ha salido en el 100% aleatorio, pero que ya podría haberlo hecho.
Posdata: ¡publica tu lista!
Posdata dos: si tienes Spotify, puedes seguir la lista de cronicassalemitas.com con todas las recomendaciones de estos años.

Canciones inspiradas en libros: música fan para el lector empedernido

En Internet, se conoce como fanfics a los relatos escritos por fans inspirados en sus historias favoritas. La red está repleto de ejemplos: es el modo que tienen los lectores de permanecer en un imaginario que tanto les gusta cuando el autor ha puesto el punto y final, ya sea Hogwarts, Idhún o la Estrella de la Muerte. Los fanarts son una categoría similar, pero en arte: los hay que han creado auténticas obras de arte inspiradas en los libros que leen y han superado con creces el trabajo de los ilustradores que contrataron las editoriales. No es un invento del siglo XXI: las representaciones bíblicas de la Edad Media hacían lo mismo que los frikis de hoy con Canción de hielo y fuego, y la historia del arte está repleta de ejemplos de pintura inspirada en la literatura, ya sea La divina comedia o El quijote. Uno de mis cuadros favoritos, Ofelia, es de hecho un fanart (mucho antes de que existiese esta palabra) de Hamlet de Shakespeare.
Sin embargo, no conocemos tantos casos de fansongs, si se puede llamar así a las canciones inspiradas en la literatura. No me refiero a bandas sonoras, sino trabajos no oficiales de auténticos fans, por muy famosos que sean. Ingenuo de mí, creía que este era un fenómeno moderno inventado por The Remus Lupins o Harry and the Potters, pero hace meses, escuchando una lista aleatoria de mi iPod, descubrí que una de las canciones más populares del final de los setenta no es sino un fansong de Cumbres borrascosas. Kate Bush con Wuthering Heights, declarando su amor por Heathcliff con un baile chuminero por el que Emily Brönte hubiese matado a Catherine en la página diez.


Este descubrimiento (había escuchado la canción mil veces, pero nunca atendí al título ni la letra) me ha animado a buscar otros casos de canciones inspiradas en la literatura.
The Ghost of Tom Joad, de Bruce Springsteen, es una canción dedicada a Las uvas de la ira, obra maestra de John Steinbeck. White rabbit, de Jefferson airplane, va por Alicia en el país de las maravillas.
Pero la literatura no sólo inspira a los anglosajones, porque los castellanoparlantes también tenemos nuestros ejemplos: lo que hace Zenit con Quijote es increíble, te guste o no te guste el rap; Macondo, de Óscar Chávez, es una clara alusión a Cien años de soledad de Gabriel García Márquez; una de las bandas más literarias del país, Mägo de Oz, ha hecho lo propio con un buen puñado de libros. Los renglones torcidos de Dios es sólo un ejemplo de ello.
Y quedan muchas... ¿Qué canciones conoces que estén inspiradas en libros, bandas sonoras aparte?

Amaral sigue molando

Hace años, en un programa musical de televisión, conocí un grupo llamado Amaral con su videoclip Sin ti no soy nada. La canción me gustó, pero tuve cargo de conciencia por lo que parecía una banda con una estética de Camela (y a mí no me puede gustar Camela). Por un malentendido (y un vestuario de parque de atracciones) creí que Amaral era la delicatessen cañí, y me cuide mucho de mantener mi aprobación al grupo en secreto. Como lo mío con Belén Esteban. Necesité volver a verlos (y escucharlos, sobre todo escucharlos) para comprender que mi creencia se basaba en un malentendido y que Amaral era, y es, básicamente diferente.
Me gustó el disco que los lanzó, Estrella de mar, y me fascinó Pájaros en la cabeza, que me sigue pareciendo soberbio (El universo sobre mí, Revolución, Marta, Sebas y los demás... Básicamente todas). Luego, claro, llega el típico disco que te desencanta y abre una brecha entre el grupo y tú. Conmigo fue Gato negro · Dragón rojo, que ni fu ni fa, ni la pincho ni me la descargo. Pero pese a ello, Amaral siempre ha sonado en mi iPod, y cuando alguien echa un vistazo a mi lista de reproducción (no hay peor psicoanálisis que este), se sorprende de que escuche algo «comercial», en contra de la mayoría de músicos que pululan por mis auriculares (¿pero qué concepto tenéis de mí?). Es que Amaral mola y lo reivindico. De los grupos de éxito de este país, es de lo mejorcito con diferencia. Tiene un éxito más que merecido y a mí me encanta escucharlo.
Ahora, cuando pensaba que los aragoneses no volverían a hacer nada guay, suena en todas partes el Hacia lo salvaje, elepé de su próximo disco. Y joder, Amaral sigue molando. El tema se va directo a la lista salemita de Spotify. Os la dejo también a continuación, además de una posdata que no tiene nada que ver.

Posdata que no tiene nada que ver: quiero dedicar una entrada especial a las cien viñetas de Crónicas Salemitas. Si te animas, comenta aquí mismo cuál ha sido tu favorita, o la que te hizo quitar el blog de Favoritos, o lo que se te pase por la cabeza. No hace falta que sea una viñeta reciente. Hay casi cien para elegir. Gracias y buenas noches.

Una canción de amor que no provoque urticaria


No entiendo por qué la música dedica un porcentaje tan alto de su creación al amor, tan desproporcionado, cuando este asunto, aunque presente en otras artes como la literatura o la pintura, no está tan establecido. Las canciones que cuentan historias, como si fuesen novelas, me resultan mucho más interesantes. Las canciones de amor son un déjà vu constante.
Sin embargo, esta canción de Bla, Tú fíjate, me encanta porque es una canción de amor distinta. Quizá diga mucho más que la mayoría de ellas, a pesar de tomarse (aparéntemente) tan poco en serio. La agrego a la lista de Spotify de CrónicasSalemitas.com, a quien la siga. Si alguien quiere rescatar del olvido otra buena canción de amor, este es el momento.

Una de esas entradas que ignoráis soberanamente


Pongo canciones por el simple gusto de ver cómo os la saltáis y pasáis a la siguiente entrada. Esta es Face, de Zombie Kids.

Por qué yo no podría ser una estrella musical

Me lo preguntan dos o tres veces de semana: «Con esa voz que tienes y el don para escribir letras, ¿por qué no te dedicas a la música? ¡Serías un rock star y yo tu groupi!». La respuesta es que el mundo del entretenimiento no está preparado para una estrella como yo. Se me ocurren muchos motivos por los que me echarían de un concierto a patadas, pero aquí os adelanto tres.

No puedo recordar más de dos versos seguidos de una canción.
(De hecho, la gente me dice que ni siquiera acierto con esos dos versos. Ya os digo que soy un memoria pez).



No soporto que la gente cante en conciertos.
Si he pagado por escuchar al cantante, no sé por qué el público que me rodea se cree que prefiero oírlos a ellos.


No me gustan los bises (cuando el músico dice que es la última y luego hay cinco más).
Mis conciertos se acabarían cuando yo lo dijese, sin trampas. Lo de «¡Otra! ¡Otra!» no iba a servir de nada.

«Aniversari» de Manel

La semana pasada estuve en la actuación en directo que Manel dio en la Fnac de Madrid y todavía no me he recuperado. Fue uno de los mejores conciertos de mi vida. Qué cosas, la canción que mejor suena en el disco, Aniversari, es la que peor tocaron (pero igualmente estuvieron soberbios). El tema me parece brillante. Aquí podéis leer la letra si no entendéis catalán (pero no os quedéis con las ganas de ver el video. Es buenísimo, de verdad).

Las diez canciones más vergonzosas de mi iPod

Si es que es normal: tres años (casi cuatro) recomendando música celestial desde este blog dan para que los lectores salemitas se piensen que mi iPod es la mayor conjunción de obras maestras del universo, y no la que anunció Leire Pajín. No hay más que seguir mi lista de Spotify para ver la luz al final del túnel y no volver a escuchar a Justin Bieber, Mozart y esas cosas del montón.
Pero Crónicas Salemitas no sería lo mismo si no sacase los colores a su autor y lo ridiculizase a la primera de cambio. Vale, lo reconozco: mi iPod también tiene temas que dan vergüenza ajena (aunque me hago a la idea de que mis recomendaciones habituales avergüenzan a más de uno, pero tú. Qué le vamos a hacer), canciones que entraron por noches muy sonadas o momentos sentimentales y que han sobrevivido a cada cambio de reproductor. No volveré a ser vuestro gurú musical después de esto. Si supieseis la vergüenza que he pasado cuando alguien escuchaba mi lista y le salía uno de estos... Pero ¿quién no tiene cosas así en su iPod? ¿Estamos orgullosos de cada tema que escuchamos? Hagamos un trato: yo publico la de las diez canciones que más me avergüenzan de mi iPod y vosotros haced la vuestra. Los motivos que nos llevaron a descargarlas e incluso escucharlas con satisfacción (¡hasta tararearlas en la intimidad!) nos los guardamos mejor en nuestra memoria.

  1. Dadi Yankee - La gata.
  2. El canto del loco - Aquellos años locos.
  3. Ella baila sola - Despídete.
  4. Enrique Iglesias - Héroe.
  5. El sueño de Morfeo - Esa soy yo.
  6. Joselito - La campanera.
  7. Miranda - Don.
  8. Raffaella Carrá - Explota mi corazón.
  9. Rocío Jurado - Como una ola.
  10. Tatu - Not gonna get us.

Dios, si después de esto seguís visitando el blog, haced el favor de no saludarme por la calle.

Ahora que la música en catalán está de moda

10 milles per veure una bona armadura, el último disco de Manel, no es el más vendido en España porque nos apetece dárnosla de progres. Lo es porque es una joya musical, como ya se podía intuir por los dos singles que adelantaron (Aniversari y Boomerang, pero sin desmerecer otras canciones del disco, como Belvolgut). Y el hecho de que canten en catalán no tiene ninguna relevancia: Lady Gaga es otro éxito en ventas y ni un cinco por cien de los compradores entiende una palabra de lo que dice. A Manel lo entienden muchos más de la mitad de sus seguidores, así que ateniéndonos a los porcentajes de comprador-que-no-entiende-la-letra, el verdadero fenómeno sociológico de estudio en este país debería ser lo de los anglosajones.
A Manel lo sigo desde hace más de un año y ya les dediqué una entrada, Esos españoles de mierda (donde reflexioné sobre la reacción de algunos energúmenos con la música en catalán. Dije todo lo que quise decir), pero no me olvido de otros grupazos que cantan en la misma lengua. Coged boli y papel, porque se viene la Gran Selección del señor C:

Antònia Font, mallorquines y genios. Para iniciarse, nada mejor que Tots els motors. Se me ponen los pelos de punta cuando la escucho.


Mishima, del que ya recomendé Tot torna a començar.
Els Amics de les Arts, que también había aparecido por aquí con cosas como Jean-Luc.
La Casa Azul. ¿Sorprendido de ver a la "banda" de Guille Milkyway en una lista de recomendaciones de música en catalán? Dos de mis temas favoritos los canta en esta lengua, Superherois y Vull saber-ho tot de tu.

Por supuesto, todas las recomendaciones las podéis escuchar en la lista spotifyera de Crónicas Salemitas. Yo os dejo, que me estoy mentalizando para el concierto que Manel dará en Madrid. Si queréis recomendar algún otro grupo que canta en catalán, todo vuestro.

Nuestra canción preferida de Mecano

Nunca me he considerado fan de Mecano, lo cuál no quita que me gusten muchas de sus canciones y guarde unas cuantas en el iPod. El grupo español por antonomasia no sufre el paso de los años, por más que pase el tiempo desde su disolución. Sin embargo, con tantos discos a sus espaldas, parece que siempre escuchamos las mismas canciones. El otro día descubrí por casualidad su disco Ya viene el sol, con temas que nunca había oído como "No pintamos nada", "Mosquito" o el que da nombre al disco y aluciné: ¡qué grandes canciones, y durante tantos años que los he desconocido! Me he propuesto escuchar el resto de la discografía desconocida -para mí- de Mecano, a ver qué sorpresas me llevo.
No es la primera vez que me pasa: con Franz Ferdinand, por ejemplo, tengo todos los discos, pero mi canción favorita, "L. Wells", no pertenece a ninguno de ellos y pasa bastante desapercibida entre los seguidores. Sé que mi favorita de Los Beatles tampoco es la de todo el mundo. Cuántas veces me sorprendo hablando de música con alguien y compruebo que pese a compartir grupos favoritos -lo cuál no es tan frecuente, creedme. Me dicen que tengo gustos un poco raritos-, nuestras preferidas no coinciden lo más mínimo. A veces, hasta nos enteramos de la existencia de esas canciones en el momento.
Termino con mi canción favorita de Mecano, al menos, por ahora. ¿Cuál es la tuya, si es que tienes una?

La mejor escena entre todo el cine de animación

O por lo menos, mi favorita. Siempre que la veo se me ponen los pelos de punta, tanto por la imagen, soberbia, como por el sonido (El ciclo de la vida es posiblemente la canción que más he cantado desde que tengo memoria, rivalizando con Smelly Cat). Podéis arrodillaros ante el video si queréis.

Invisible light, de Scissor Sisters

Un gran video para una gran canción. Lo sumo ya a la lista de Crónicas Salemitas en Spotify.