Header

Ciento tres

Les engañaron. Pensaban que esos niños eran huérfanos e iban al encuentro de sus familias de adopción, o que sufrían enfermedades graves que sólo podían ser tratadas en Europa. Algo tuvieron que pensar. Algo, por favor, algo que no les convierta en culpables.
Una falsa ONG francesa fue a la República de Chad a por niños. En el avión iba tripulación gala y española y no sabemos cómo, se hicieron con ciento tres niños africanos, negritos y descalzos, pobres de solemnidad. Se los iban a llevar de vuelta a Francia cuando las autoridades les pararon. "No os los lleváis: estos niños ni están enfermos ni son huérfanos". Desde entonces están detenidos en Chad, a la espera de que la justicia se pronuncie sobre lo que parece un fraude y secuestro a gran escala. Pero lo tienen crudo, y cada vez más. Incluso pusieron vendas falsas a los críos para que su engaño fuese un éxito. Ahora, todo eso va en su contra. Si es que son culpables, claro.
No lo sé. Es una historia rara. Rara o terriblemente siniestra. Malvada. Si han hecho eso, son de verdad malvados, en el sentido más puro de la palabra. Si lo han hecho, espero que no salga ningún Garzón con ánimo de protagonismo que los extradite: no habrá pena en nuestro país que les haga justicia. Que se queden en Chad. Si son culpables.

Esto me recuerda a ETA y la afición suicida por solicitar la extradición de los países donde les han cogido. ¡Que se queden en Canadá, México, Francia! ¿Para qué traerlos, cuando nuestra justicia es un hazmerreír?

Experimento en el metro

Yo se lo propongo a los científicos, porque este experimento me resulta un pelín más interesante que el crear gusanos homosexuales o los hábitos de fumador del mono de culo rojo. El asunto está en saber qué opina la gente de otras personas, cómo las juzga en cuestión de milésimas de segundo, y cuanto interviene su subconsciente.
Esto empieza así: una mujer entra al vagón del metro. El asiento más próximo es un espacio entre un negro y un sudamericano. El siguiente, entre un anciano y una fondona cajera de supermercado uniformada. Y más allá, un par de asientos vacíos donde podría estar más ancha. ¿Dónde se sentará? ¿Dónde te sentarías tú?
Todo esto viene porque me quedo mosqueado algunas mañanas cuando la señora de turno pasa de largo y prefiere ir un poco más lejos para sentarse al lado de otras personas. En el caso de hoy, el hueco estaba entre servidor y un latinoamericano. ¿Será él? ¿Seré yo? ¿Será que llevo la música muy alta o que tengo pintas de ir a abalanzarme encima del primero que pase? Sea lo que sea, algunas personas prefieren otros asientos. Otras, en cambio, no se lo piensan tanto. O me prefieren a mí al inmigrante de turno, no importa que se vea que viene de trabajar en la obra y que es el más vulnerable de todo el vagón. O no. Es igual: todos, al entrar al vagón, tomamos rápidas decisiones. El porqué, se lo dejo a los científicos. O a los sociólogos. A quien quiera encargarse, en fin.

La Hillary argentina

Hoy se habla en los medios de la Hillary argentina, como llaman a Cristina de Kirchner. Las comparaciones son obvias pero existe una sutil diferencia: una ya ha llegado a la Casa Rosada, mientras que a la otra le queda mucho por andar si quiere regresar al despacho oval. ¿Por qué la Hillary argentina, cuando en realidad quieren decir la Kirchner estadounidense?

Reminiscencias argentinas

En un día como hoy me encantaría ver Crónica TV. Qué recuerdos.

Suerte a los argentinos con lo suyo.