Ayer celebramos la primera cena de Acción de Gracias de nuestras vidas, y me temo que se va a instalar en nuestros ritos hasta el final de los días. Básicamente, es una cena familiar pero con amigos, comida especial y decoración. Decidme que no es para marcarla en el calendario.
Post-Acción de Gracias
viernes, 27 de noviembre de 2009
Y después del pavo (el de carne y el vegetariano) y el pastel de manzana, vinieron los videos frikis. No faltaron las Vecinas de Valencia (busca en YouTube) pero quedará para la posteridad el de 'Ayúdame', que yo todavía no conocía. Pasa a engrosar mi exquisita lista de recomendados. Digan lo que digan, yo no me creo que este video lo haya hecho un amateur. Las chicas serán auténticas, pero el realizador (y también ellas, ojo) merece un premio. Ya querría yo...
"V" en retrospectiva
domingo, 22 de noviembre de 2009
Con el remake de la serie (y su clara influencia valenciana. ¡Por fin la prueba definitiva de que los valencianos provenimos de otra galaxia, y de una especialmente cool!), me sentí tentado de revisionar la serie original de "V", aquella que veía en mis primeros años por culpa de mis hermanos (o gracias a ellos) cuando lo que correspondía para mi edad era algo más del tipo Barrio Sésamo. De Espinete no guardo ningún recuerdo, pero de lo que es Diana, todos y cada uno de sus movimientos.
Ya digo que vi la serie de muy pequeño, por lo que mi concepción de ella era una historia de invasores y rebeldes, con muchos tiros y persecuciones. La tenía idealizada y sin embargo, el revisionado, la ha colocado en un escalafón superior. Los dos primeros episodios son flipantes: una realización impecable (para la época, se entiende) con un guión de matrícula de honor. Por desgracia, los tres siguientes, son un chicle estirado que a uno le cuesta cada vez masticar.
Los cinco capítulos de la miniserie (luego seguirían otros, pero ciñámonos a la original) sirven para demostrar que "V" molaba, y que sigue molando, y que mi remake sólo tiene sentido para el guión del final y no por los efectos especiales. Pero, en mi sesión de adulto, tengo dos quejas a la historia que me han puesto los pelos de punta. Hondas contradicciones que quizá contengan algún espóiler, si es que alguien todavía no la ha visto:
- En un principio parece que los "invasores" son un pueblo de igualdad de géneros, a juzgar por el alto cargo de la mala Diana. Luego, con la llegada de la superior Pamela, el dato se reitera. Todo para nada, porque una le acaba diciendo a la otra: "Yo también me acosté con el líder para llegar alto". Menuda patada en los huevos a quien se pensase que en esta historia las mujeres tendrían sesos. Se salva Julie, la jefa de la resistencia.
- El guión crea muchos paralelismos entre la ocupación nazi y la de los invasores, sobre todo desde el punto de vista judío-terrícola. Uno acaba creyéndose todo ese rollo de "abajo el fanatismo, fuera las razas" pero de nuevo llega otra patada al sentido común cuando la resistencia decide que la mejor forma de hundir a los alienígenas es demostrar que son físicamente distintos. Eso, pese a que hay alienígenas buenos. ¿Dónde cabe la reflexión? "Si son distintos, son malos", es la conclusión de los buenos. Por si fuera poco, y pese a las menciones de antiguas cámaras de gas del holocausto, los humanos acaban con los visitantes con un polvo tóxico letal. De nuevo un aplauso al doble filo del guión. Para mear y no echar gota.
AVISO PARA NAVEGANTES
miércoles, 18 de noviembre de 2009
- Este blog no se creó con la excusa de recibir libros gratis de editoriales, una práctica muy habitual en los últimos tiempos.
- Este blog tampoco entrega ni recibe premios interblogueros, una forma un tanto tonta de hacerse publicidad los unos a los otros sin intervenir la palabra «mérito». Algunos me dan premios sólo para que haga publicidad a sus blogs.
1.000 contra 36
martes, 17 de noviembre de 2009
No querría estar en la piel de ninguno de los treinta y seis tripulantes del Alakrana, el pesquero español por el que el gobierno ha pagado una trillonaria liberación. Volverán a casa el viernes sin creerse su suerte.
Pero treinta y seis tripulantes me suena a nada cuando los comparo con los otros miles que salen a los mares. Esos miles que hoy son más vulnerables que ayer, por pertenecer a un país que negocia con secuestradores, que paga bien, que pone la justicia fácil para quien se la salta. La hermana de Miguel Ángel Blanco supo bien que en el rescate de su hermano estaba la sentencia de muerte de todos los demás. No olvidemos eso. Una liberación pagada envalentona para que haya otras diez que terminarán muy mal. Ojalá las treinta y seis mujeres de estos hombres lo hubiesen entendido. Las no treinta, sino miles, de mujeres de los otros marineros se lo hubiesen agradecido bien.
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