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Hobbits que votan a Sauron



El castellano de Madrid y el de Valencia tienen muchas peculiaridades que adviertes poco a poco. Hay infinidad de expresiones y palabras que se utilizan a diario en una ciudad y que en la otra suenan a chino, como «resopón», que es como los valencianos llamamos a la comida que se hace de madrugada, o «almuerzo», que para los madrileños es sinónimo de comida, pero para los valencianos es lo que se hace a media mañana. Da la sensación de que los valencianos comen mucho más que los madrileños. Normal que haya bajado peso desde que me empadroné en Madrid.

Porque puede estallar la guerra

Sólo un ingenuo puede creer que estamos libres de futuras guerras como las dos mundiales. Que la paz está asegurada gracias a las actuales instituciones internacionales. Dios mío, si nos hundimos con la última, cómo se nos podría ocurrir desatar la tercera. Pero desde luego que habrá una tercera guerra mundial antes o después si cada vez nos acordamos peor de la última, y las organizaciones con vocación para evitarlas están más desacreditadas que nunca. Basta la soberbia de un solo hombre (o mujer) para poner en jaque a todo el planeta. La paz mundial no es resistente y la guerra demasiado atractiva para algunos. Las alianzas del capitalismo son, a fin de cuentas, alianzas puntuales de mercado.
Mi pregunta no es si viviremos o no una guerra (porque quizá nosotros nos salvemos, pero dudo que nuestros hijos también), sino si estaremos preparados para ella. No me refiero a España como país, ni a una Unión Europea que está todavía más tocada que España. Me refiero a nuestra preparación individual, la capacidad que podemos tener cada uno de nosotros para enfrentarnos a la crudeza de una guerra en primera persona. Nada de batallas en Oriente Media, hablo de masacres dentro de nuestra patria.
Somos tan inocentes que ni nos lo planteamos. Por hacer, no hacemos ni el servicio militar. La guerra nos suena a lejos, a asunto de otros, como si el mundo no diese mil vueltas y pudiese presentarse en nuestra puerta. Pero puede hacerlo: ¿cómo reaccionarías ante una declaración de guerra? ¿Te alistarías en el ejército aunque eso significase matar, o desertarías? ¿Crees que existen motivos para luchar -cuáles-, o todas las guerras son estúpidas? ¿Cabe en tu cabeza la rendición?
Ojalá que llegue muy tarde y no tengamos que comprobar lo poco preparados que estamos. Me siento orgulloso de un país cuyo ejército entiende más de ayuda humanitaria que de guerras. Pero la posibilidad está ahí, la posibilidad real.

Gana «La guía secreta de Harry Potter» con Twitter


Desde que se agotó La guía secreta de Harry Potter, la única obra que reúne toda la información de la saga que Rowling reveló en todos los medios distintos a los siete libros, sois muchos (MUCHOS) los que me han pedido un ejemplar de mil formas. Dado que no soy la editorial, no puedo venderlo ni distribuir la versión digital, pero sí me queda la opción de regalarlo. Por eso, y con motivo de que @el_croni ha superado la barrera de los mil seguidores, se me ha ocurrido hacer un sorteo en Twitter para quien quiera conseguir el libro de manera excepcional, ya que hoy en día no se puede obtener de otra forma. Tenéis la oportunidad de ganar La guía secreta de Harry Potter totalmente gratis y desde cualquier lugar del mundo, sin restricciones de país.
Para participar en el sorteo sólo hay que ser usuario de Twitter y tuitear vuestra entrada favorita de CronicasSalemitas.com mediante el botón de «Twittear» que aparece al final de la misma. Tenéis hasta el domingo 12 de junio incluido para participar y el ganador del ejemplar de La guía secreta de Harry Potter se anunciará en la semana siguiente. Me pondré en contacto con el ganador para solicitarle su dirección postal y enviarle el libro dedicado sin ningún coste.
Para evitar el pillaje de las cuentas fantasma (personas que participan desde cinco o más cuentas distintas) sólo entrarán en sorteo aquellos usuarios de Twitter que tengan un mínimo de quince seguidores y veinte tuits/tweet, además de ser una cuenta pública sin candado. Cada usuario podrá tuitear hasta tres entradas de CrónicasSalemitas.com para aumentar sus posibilidades de ganar, pero no más. Podrán participar usuarios de todos los rincones del mundo sin distinción. El blog no se hace responsable de las perdidas que pueda ocasionar el servicio de correos.
Ahora sólo queda decir: ¡mucha suerte!

El Ministerio de la Cuarta Lengua

Cuando uno vive en Madrid, confía en que no tendrá que volver a oír hablar del eterno debate del valenciano-catalán. Pero no, la disputa me persigue a veces hasta la capital, y seguro que aunque me refugiase en Kuala Lumpur, todavía tendría que oír del asunto. Yo me harté hace tiempo de la cuestión y dije todo lo que tenía que decir. No voy a volver a eso.
Me resulta más interesante el extraño reconocimiento que hacen del valenciano las instituciones del Estado. Porque oír de ella en Valencia no tiene mérito, pero es más raro escuchar de la diferencia entre valenciano y catalán cuando uno viaja al centro de España. El valenciano ¿es o no es la cuarta lengua oficial? Ateniéndonos a lo práctico: si el valenciano se recoge en el estatuto de la comunidad, y el estatuto está aprobado en las cortes españolas, sí, se supone que tiene el mismo rango que el catalán, gallego y vascuence. Ninguna de las cuatro se ha "oficializado" con más solemnidad que las otras. Podemos hacer mil análisis del estatuto valenciano, pero el dato objetivo es que está aprobado, y nos guste o no, tiene tanto reconocimiento como los de las otras comunidades autónomas.
Sin embargo, con el valenciano se produce una dualidad, de hoy-te-reconozco-pero-mañana-no, que no ocurre con el resto. Se supone que las páginas de instituciones públicas del Estado tienen que estar traducidas a todas las lenguas co-oficiales, pero aquí no todas lo ven igual. ¿Por qué ministerios como el de Sanidad y Cultura sí admiten el valenciano como lengua en sus traducciones y otros como el de Economía (aunque qué cosas, la web de Hacienda lo hace), Interior o Defensa no? ¿No demuestra poca seriedad?
Quien recuerde la campaña electoral de Zapatero de 2008, sabrá que su eslogan en catalán tuvo una traducción distinta a la del valenciano. ¿Por qué, si son la misma lengua? Lo mismo podríamos preguntarle a empresas nacionales como el Grupo PRISA, que a pesar de su línea editorial catalanista en la edición valenciana de El País (muy respetable), por otro lado mantiene dos sellos editoriales distintos de Alfaguara Infantil en valenciano (Voramar) y catalán (Altea), con sus traducciones y sedes diferenciadas. ¿Cómo puede decir que son lo mismo y mientras tanto mantener una actividad editorial que contradice lo anterior?
Pese a lo anterior, no me preocupa el eterno debate. Ojalá todos puedan superarlo de una vez, y sea cual sea su conclusión, puedan mirarse a la cara para dar fin a rencillas centenarias. Pero más que cómo se comporta cada uno en casa, me intriga la doble vara de medir que hacen las instituciones, partidos y empresas del valenciano. Yo no entro a discutir si es una lengua, dialecto o la misma cosa. Lo que me sorprende es la capacidad que tienen algunos de creer todo y nada a la vez, según los intereses políticos y económicos.