Cómo meter el nórdico de la cama en su funda sin pasar por Cuidados Intensivos
viernes, 7 de mayo de 2010
Si prohibiesen el chocolate
jueves, 6 de mayo de 2010
Soy capaz de admitir que tengo cierto tipo de adicción al chocolate: soy capaz de salir de casa sólo para comprar algo de chocolate (y eso sucede siempre que no tengo chocolate en la despensa a las cinco de la tarde; o a las cuatro y media, o a las tres, o a las dos y media, cuando acabo de terminar de comer y ya estoy deseando echarme algo dulce al cuerpo), siempre que alguien va a una boda le pregunto si el postre era de chocolate (y si no lo era, considero que la celebración no sería suficientemente cool para tenerme) y cuando voy a un restaurante, me fijo en los postres antes que en cualquier otro plato, dejando siempre un espacio en mi estómago para el final. Puedo renunciar a cualquier otra, pero ay Dios, todos sabemos que no al chocolate. Ya debí sospechar cuando hice mis diez días sin chocolate: tuve una alucinación y un ataque de ansiedad. Vale, lo admito, tengo una adicción. Pero una adicción que no hace daño a nadie, digo.
El otro día, nada más salir del supermercado, le pedí a Bé que abriese los donetes y me metiese uno en la boca, porque yo iba cargadísimo en las dos manos.
--Vale, C. --respondió obediente, al tiempo que sacaba un donete y lo metía en mi boca suplicante--, pero vas a tener que admitir que tienes una adicción.
Me temo que con un donete en la boca, no estaba en la mejor situación para replicar. Bé puso los ojos en blanco y yo me imaginé el mundo sin chocolate. Imaginé lo que ha pasado con otros productos, drogas o lo que sea: se retiran del mercado y ¿luego qué? Los chocohólicos seríamos señalados por la calle, como si tuviésemos la peste, y por supuesto, la prohibición no terminaría con nuestra adicción. Iríamos a comprar chocolate a barrios marginales ("De ese no, del dulce.") y yo las pasaría canutas, porque no me siento cómodo entre gente marginal. Seguramente me entraría algún tipo de tic que no sabría disimular de ningún modo, como abrir y cerrar la mano a cada segundo. Y lo peor de todo no sería eso, sino que no sabría esconder mis modales en un ambiente tan inhóspito, y me convertiría en el primer tío con mono que va a las Barranquillas a pedir chocolate "si es tan amable, por favor", con lo que me echarían a patadas dos segundos después. El mercado negro que se formaría con el chocolate sería horrible, pero es que si el Estado le pusiese un impuesto a lo tabaquil algunos seguiríamos tomándolo.
Oh, no. No sé cómo he llegado a esto. Y eso que todavía no he dedicado ninguna entrada a los croasanes de Mercadona o las napolitanas de Croisland. No supe lo que era la depresión hasta que me vine a Madrid y los dejé de tomar, Dios.
Facebook
lunes, 3 de mayo de 2010
He abierto una cuenta pública en Facebook y quiero que me
agregues. Este es el link: http://www.facebook.com/profile.php?id=100001024434304 Espero que esto sirva para recibir un poco retroalimentación de parte de los lectores del blog :) Admito que he sido bastante pasota hasta ahora, y por primera vez pongo un email para quien quiera escribirme.
Y por si te perdiste la otra vez, también estoy en Twitter: ahí soy @el_croni Poco a poco me (red)sociabilizo.
Porno y esoterismo
sábado, 1 de mayo de 2010
Desconcertado me quedo al leer que una ley prohibirá el porno en televisión, mientras que el esoterismo, las pamplinas de la adivinación, quedarán relegadas a la madrugada. Se supone que habrán dedicado cientos de horas a desarrollar este texto legislativo, pero no encuentro la razón para ver una cosa más perjudicial que la otra. De hecho, opino precisamente lo contrario: el porno es o puede ser una vulgaridad, pero es lo que es y tiene su espacio restringido. Los programas del tarot, sin embargo, son una engañifa que no debería consentir ningún ejecutivo. Son una fe por la que no puedo tener respeto. Permitir que esos espacios sigan en línea y generando dinero, cuando otros ministerios se ocupan de perseguir placebos en las farmacias o pirámides especuladoras, es algo que no entiendo. Magia en el siglo XXI, no me hagan reír. Conclusión: esoterismo para nadie, y porno para quien lo quiera ver. Si la gente quiere ver cómo una tía se friega los bajos, a mí plim. Pero que existan españoles tan estúpidos como para tomarse en serio lo que diga una lectora de cartas, me preocupa porque es la gente que vota a la vez que yo. La gente que no sale de fiesta un viernes porque el horóscopo no se lo aconseja. La gente que deposita su futuro en la pluma del becario de turno que se encarga de redactar qué chiste sucederá con acuario hoy.
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