No es que «Friends» no vuelva
domingo, 28 de abril de 2013
La muerte de Maude Flanders o el «statu quo» que se rompe
sábado, 10 de marzo de 2012
La telebasura que devoro
jueves, 23 de junio de 2011
Una serie del 11M
martes, 21 de junio de 2011
Puestos a hacer cuotas para mujeres
sábado, 7 de mayo de 2011
A Zapatero le gustaría pasar a la Historia como el presidente de la igualdad, y nadie le negará el acierto en un puñado de leyes. En otras, por desgracia, más merece una medalla por populista. Una de esas perlas es, sin lugar a dudas, la ley que obliga a un mínimo del cuarenta por cien de un sexo dentro de las empresas. Y mientras hacemos la ola porque la ley no obliga sólo a que el mínimo sea de mujeres y no de hombres (una igualdad que Zapatero olvidó en la ley de violencia de género, cuando dejó al margen a hombres maltratados, a la par que a todas las parejas homosexuales), no podemos olvidarnos de los y las que se quedan sin trabajo por culpa de esta política. Personas más capacitadas que sus contrincantes pero con el único delito de no ser del sexo que la empresa necesita para cubrir la cuota.
Harto de este gobierno intervencionista, me pregunto por qué no ha seguido adelante con sus delirios de cuotas. Hay muchos más campos donde se puede intervenir, campos donde hace más falta y se comete menos daño. Si las autoridades me pueden decir a mí que el próximo contratado en mi empresa tiene que ser un hombre o una mujer, cuando puede no coincidir con mi mejor candidato, no entiendo por qué no atacan el principal pilar de comunicación: la publicidad. Si con estas leyes, lo que se pretende es dar visibilidad a un sexo donde antes no se reconocía, ¿por qué no imponer cuotas en la visibilidad misma?
No sé vosotros, pero yo estoy un poco harto de que los anuncios de limpieza los protagonicen siempre mujeres y los de coches, los hombres. Y a riesgo de equivocarme, imagino que esto tiene mucho que ver con el miedo de las empresas a ser "las primeras en cambiar"y que las ventas caigan en picado. Seguro que no faltan los publicistas deseosos de cambiar las tornas, pero el miedo a un fracaso comercial los detiene. ¿No sería más lógico, puestos a trabajar con cuotas, que estas rompiesen con la imagen sexista de la publicidad y pusiese a todos los anunciantes en igualdad de condiciones? Si los hombres y las mujeres consumen mayoritariamente los mismos productos, ¿por qué la publicidad sigue comportándose como si nada hubiese cambiado?
Con lo poco que me gustan las cuotas, no se me ocurre un mejor uso que éste. Que dejen de preocuparse por cuántos hombres y mujeres hay en cada empresa, donde lo que importa es su capacidad profesional, y que cuiden un poco más la imagen sexista que da la publicidad, donde los hombres no saben lo que es una fregona y las mujeres no tienen ni idea de conducir. Un campo con mucha difusión y donde en verdad, no hay perjuicio por las cuotas. El beneficio está claro. Si tiene que existir la cuota, que sea en algo como esto.
Que retiren Los Simpson
miércoles, 30 de marzo de 2011
No es que me afecte la ley de Murphy de las series. Más bien, que Antena 3 y Fox han repetido tantas veces los capítulos -porque hay público que los ve, no culpemos a las cadenas- que han llegado a hartarme. No les doy ni tres segundos de tiempo. Incluso si se trata de un capítulo nuevo (y hay muchos nuevos para mí, porque hace años que dejé de verla) prefiero tragarme anuncios de detergente que ver cómo hacen lo mismo una y otra vez. No sólo se repiten los capítulos: es que en cada nueva entrega, los personajes pecan de hacer exactamente lo mismo. Es su juego, sí, pero yo no participo.
Supongo que el día que dejen de emitirse -ese día llegará. Todo llega, aunque nadie lo crea- se repasará su contribución cultural. Es imposible vivir en el siglo XXI sin hacer algo que recuerde a nosequé episodio de Los Simpson, sin que esto te recuerde a la vez que Lisa tal, o sobrevivir a una noche de fiesta sin que alguien te cite una frase de la serie (y qué frases. Me quito el sombrero, pero nada más). Incluso los que no la vemos, sentimos su presencia constante. Yo vivo con miedo a que me obliguen a dejar Los Simpson en un momento de zapping, y si fui a ver la película, fue sólo por no sufrir una exclusión social digna del apartheid. Si no pido en serio que retiren la serie no es porque me guste, sino porque temo una crisis humanitaria mundial. Pero los de mi calaña ya saboreamos el momento. Sabemos, con una seguridad que da miedo, que Padre de familia es mucho mejor. Más absurda, más guarra y en ocasiones estirada hasta el insulto, pero mucho mejor. Si Padre de familia estuviese a mediodía en vez de Los Simpson, los lunes se recibirían con clamor popular. Pero no, seguiremos soportando a los de Groening por más tiempo. Mientras no nos metan Padre made in USA, sobreviviré. Eso sí que es morir.
Tres entradas en una (de política, tele y felicidad)
lunes, 22 de noviembre de 2010
Quedan diez entradas para alcanzar la número mil y quiero daros tiempo para que participéis en el proyecto. Por eso voy a condensar tres asuntos distintos en una misma entrada. Por eso y porque no quiero escribir artículos como quien dispara con metralleta.
El primero es una protesta. He llegado a la conclusión (posiblemente más tarde que la mayoría, mucho más lista y analítica) de que cuando en un debate con dos frentes alguien argumenta algo parecido a "¡es una vergüenza que se dediquen a esto con todo lo que hay que hacer!", es básicamente porque el comentarista no tiene argumentos en contra. Esa frase, reordénese al gusto, la oímos a diario.
Sí, es posible que la prensa dedique más tiempo a asuntos triviales que a los que de verdad importan, pero en política, existen organismos y comisiones para todo. De modo que nadie se escandalice: los que se ocupan de esas, llamémoslas, leyes tontas, no son los mismos que se dedican a las que consideramos importantes. No hay que preocuparse, porque las comisiones de asuntos de máxima importancia seguirán dedicándose a asuntos de máxima importancia. Terminemos ya con ese argumento estúpido y atrevámonos a expresar nuestros auténticos prejuicios contra las reformas. Lo de las prioridades es una soberana gilipollez, la de quien no tiene más que su cabecita retrógrada para justificarse. ¿Qué sería del país sin esas pequeñas reformas? Si sólo se pudiesen hacer las grandes, estaríamos perdidos.
El segundo asunto es que ya tengo TDT, o televisión terrícola, como la llamé durante más de un año. He estado feliz sin ella durante medio año. Ahora alucino con la cantidad de canales que existen (¿LaSexta 3? No sabía ni que hubiese una segunda. O Butaca Latina, los canales de tele-venta, los del tarot... ¡qué mundo por descubrir!). Lo peor ha sido descubrir ciertos programas de auténtica telebasura aburrida: me animan a abandonar España (por los de Neox) pero ya sé a dónde no tengo que ir (esos Estados Unidos de MTV. Mi último recuerdo de la cadena era con música. No sé qué ha pasado desde la última vez). En fin: que para lo visto, mejor apagar el trasto y leer un libro. Qué pocas cosas interesantes que ver.
El tercero es una simple reflexión sobre la felicidad, a la que he dedicado tantos pensamientos. Hoy (que ya veremos mañana) respiro tranquilo pese a no ser feliz. Puedo decir que lo fui alguna vez, y eso debería sacarme por lo menos una sonrisa. Los hay que nunca la conocieron. Es una falta de consideración con ellos no ser ni un poquito agradecido con las felicidades pasadas.
Sexo en Nueva York
viernes, 29 de octubre de 2010
No se puede tener un mínimo de cultura de televisión e ignorar Sexo en Nueva York. Sin embargo, mis prejuicios la clasificaban como una historia hembrista, exclusiva para público femenino, con el sexo como principio y final y nada más con lo que entretenernos. Me equivocaba: Sexo en Nueva York es una serie protagonizada por cuatro mujeres, sí, pero cuatro mujeres que quieren aspirar a lo máximo -y lo pueden conseguir- en un mundo donde los hombres, admitámoslo, hemos gobernado sin su permiso durante demasiado tiempo. La justa igualdad a la que nadie puede decir ni pío, vamos, y en cuanto al sexo, es un tema tratado con comicidad y sin -casi- vulgarismos, igual que las relaciones, tan importantes a lo largo de las seis temporadas. Tanto las relaciones entre ellas como con sus parejas están cuidadas al detalle. Uno puede emocionarse con los avances sin necesidad de ser mujer. Solamente es una historia humana.
Reconozco que la segunda mitad de la última temporada me ha tenido con los ojos húmedos todo el tiempo, pero es que ya veía el final. Los dos episodios del desenlace, sin embargo, tenían los guiones más flojos de toda la serie, lo cuál es para enviar a los guionistas al cuartelillo, porque una serie así no se merece unos diálogos tan insulsos, aunque la historia siguiese siendo buena. Un poco de espóilers: detestaba el personaje del ruso y lamento que haya salido tantos episodios. Tampoco entiendo el final de Samantha, es innecesario (y su pareja sólo podía aspirar a un cameo. Su interpretación durante taaaantos episodios empaña todo el final. ¿A quién se le ocurrió? Todo lo que lo rodea es un error). Sin embargo, me encantó el final de Miranda, Carrie y Charlotte. Después de tantos episodios, uno no puede evitar empatizar con sus finales y emocionarse como si estuviese en la misma mesa de su café de Nueva York.
Qué lástima que la serie haya terminado. Las películas ya las veré, pero con la serie he cerrado un círculo. Ahora tendré que buscar otra serie que me enganche, a poder ser de no más de veinticinco minutos el capítulo, y situarla en mi parnaso televisivo personal. ¿Alguna sugerencia para empezar?
La mujer liberada
domingo, 26 de septiembre de 2010
En una conocida serie de televisión, dos protagonistas femeninas discuten porque una deja su trabajo para dedicarse a su matrimonio y futuros hijos. La otra (y yo) no lo podía soportar.
Resulta muy fácil apasionarse con estos asuntos. Algunos, que hemos llegado cuando la liberación ya es real y sólo quedan unos pocos escollos siniestros, nos indignamos cuando descubrimos mujeres que hacen caso omiso a la sociedad actual y se entregan a proyectos familiares a nuestro juicio anticuados y machistas. Nunca vemos hombres que dejan el trabajo para dedicarse a las labores del hogar, pero estamos hartos de ver mujeres, en el supermercado, la calle o la cafetería, encantadas de haber abandonado todos sus proyectos profesionales con la excusa del me-acabo-de-casar. Es para darse de golpes contra las paredes.
Pero entonces, la protagonista femenina número dos, la recién casada, le daba a la número uno un racionamiento al que no podías contestar. Y yo me quedaba boquiabierto, sin respuesta ni contraargumentos, en el sofá de mi salón. Defendía su decisión de esta forma: "La liberación de la mujer no consiste en que todas tengamos que trabajar, sino que cada una puede decidir libremente lo que quiere hacer con su vida, sea lo que sea". Yo no sabría qué responder. La libertad tiene eso, que no admite réplica.
Mi vida sin televisión
sábado, 12 de junio de 2010
Desde que me pilló el apagón, sólo he visto la televisión en casas de amigos, lo que se reducirá a treinta minutos (tirando a lo alto) en los últimos meses. La tdt se ha instalado en la vida de todos menos la mía: ni sé de qué van los "fanáticos de Intereconomía", ni puedo ver el cocodrilo-aprende-modales del Disney Channel, por más que me dicen que está hecho para mí (o por mí). A veces oigo canales que ni me suenan, y cuando leo noticias televisivas en la prensa me sorprendo de lo profunda que es mi desconexión audiovisual. No me ha supuesto gran drama, la verdad; nunca he sido un gran consumidor de televisión. Pero a veces la echo en falta, lo admito. No tengo esa aversión cultureta contra la caja tonta. Me encantaban los telediarios (especialmente el de laSexta, aunque era una cuestión de horario y no de afinidad), adoraba las tertulias políticas de Cuatro y también era fan de Sálvame (además de Salvados, aunque no tienen nada que ver). Supe que llevo demasiado tiempo sin tele cuando el otro día, en medio de un sueño, tuve una invitada especial. Era Belén Esteban.
El sueño era raro, lo reconozco. Había una historia extrañísima de secuestros, y al final mi única escapatoria era refugiarme en la casa de la co-presentadora de Sálvame. La chica era maja, lo admito, aunque se fue pronto a dormir (y me dejó ahí, mirando la ventana, preocupado por si venía el secuestrador). No sé si era San Blas u otro barrio, es igual. Lo que me queda claro es que era un llamamiento de mi subconsciente para que volviese a ver televisión.
Quizá en un futuro. No creo que sea verdad eso de que no hay nada que merezca la pena ver. Tampoco tengo la sensación de aprovechar mejor el tiempo: cuando uno lo quiere perder, lo hace de cualquier manera. Sin embargo, últimamente veo mucho cine. Cosas de que la tele sólo sirva para el dvd. Muchas pelis. Y sin los anuncios de la tdt.
Por qué la final de PERDIDOS me pareció un engaño al espectador [ESPÓILERS]
domingo, 30 de mayo de 2010
Terminó Perdidos y los espóilers, y tras una semana agitada, digo yo que volveremos a continuar con nuestras vidas y ya no oiremos ni una vez más el ¿Lo has visto? al entrar al autobús o en la cafetería. Que los losties hagan lo que les plazca. Que digan que no hemos entendido el final si así se quedan contentos.
No soy un fan perdido de la serie. De hecho, ni siquiera me considero fan. Mi perfil como espectador es el del que puede leer el periódico a la vez que ve el episodio (o lo oye de fondo) y que perdió el interés por la serie cuando Dharma dejó de ser clave. Fue moverse la isla y decir "esto ya no es para mí". Las dos últimas temporadas han significado para mí más suplicio que placer. Suplicio del tipo dos-horas-de-cola-en-la-Seguridad-Social, no os llevéis a engaño. Nada de suplicio del tipo oh-qué-gran-serie-no-puedo-creer-que-se-acabe. Pero lo que no es justo es que se nos trate de inferiores a los que creemos que los guionistas son mediocres, porque definitivamente lo son.
Me explico: de Perdidos me enganchó su isla surrealista, ese pedazo en el mar donde podías cruzarte con un oso polar y en el que unos números se repetían aquí y allá sin dar más razones. Me gustaba el Ben que conocía la vida pasada de los visitantes, lejos de ser un náufrago desconectado de la realidad, y los personajes que vivían presos de sus propios pasados. Era una serie que aparentaba tener un rigor, porque por un tiempo dieron respuestas. Vimos lo que había bajo la escotilla; conocimos el hogar de los Otros; incluso descubrimos los orígenes de Dharma. Y en un momento dado, cuando el rayo de la lucidez sacudió a los guionistas, la isla viajó de un sitio a otro y comenzó la mediocridad. No del todo, sin embargo: vimos cómo algunos personajes regresaban al exterior para volver tiempo después. Lo que sucedía en los setenta tampoco estaba del todo mal. Pero vaya, ya empezaba a oler a chamuscado.
La última temporada, esa en la que los fans, lo reconozcan o no, confiaban en tener respuestas a todos sus enigmas (o por lo menos a un 5%) ha sido un despropósito argumental que me ha provocado carcajadas de verdad por momentos. No sé con cuál me quedo: si con la coreana olvidando el inglés (en una subtrama argumental que no aportó nada a la historia, nada, salvo un poco cutrerío extra a un final ya de por sí demencial), con las dos realidades, dentro y fuera, de los protagonistas (que hubiese sido interesante si consistiese en cómo sigue su vida de no estrellarse el avión, pero no. Ellos tenían que modificar también los eventos de antes, así que dime tú para qué hizo eso Juliet, si las cosas ya fueron de otra manera desde mucho antes), el Locke malote o el lío de Jacob y su hermano gemelo (otra prueba de la falta de capacidad de los guionistas para crear nuevos misterios, es que hicieron del nombre de él un nuevo enigma. A mí me tenía intrigadísimo, vamos. Su nombre escondía el futuro de la humanidad por lo menos). Podría seguir, pero no voy a ser cruel. Me he reído cuando no tocaba reírse. Si fuese el padre de uno de los guionistas, esta temporada lo hubiese dejado sin cenar.
Pero eso no significa que no me haya reservado mis minutejos para apartarme en una esquina, bajar la frente y teorizar. Por supuesto que lo he hecho, aunque no ha sido exactamente de lo que estaba por pasar. O sí, pero no con la serie, sino con los fans, esos que ya no son seguidores, sino que han hecho del programa un culto digno de fe. Son creyentes. No juzgan el final, lo creen y punto. Lo creen como mi abuela se toma en serio las revelaciones de Fátima o el Misterio de la Santísima Trinidad. No se juzga: se cree y punto. Y cuídate de dudar.
Ellos dirán que el final está perfecto, o que no está del todo mal, pero si yo lo critico no es porque no haya satisfecho mis expectativas: es que me parece un fraude argumental. Y doy razones: es un engaño porque cualquier serie o película del mundo puede terminar así. La que quieras. Muy parecido fue El sexto sentido y Los Serrano por ahí fue (oh, sacrilegio, ésta última no se puede mencionar en uno artículo de Perdidos. Pero es que el final se merece esta comparación y alguna más mortal). Esta serie fue un éxito porque enganchó a millones de telespectadores utilizando unos ganchos misteriosos que prometían resolver. No faltará el que diga que no, que él sólo veía la serie por la selva y que con eso le basta el final, pero que me diga el resto qué le atrajo tanto de la historia. Supongo que no serían las interpretaciones, así que pienso que lo mismo que a todos: la esperanza de conocer respuesta a los interrogantes que se abrían sin parar. Vaya, si hasta resolvieron unos pocos. Señal de que el resto del solucionario estaba por llegar.
Nunca lo hubo. El final era esa broma de "todo fue un sueño" (que sí, que no fue un sueño, que era el Limbo o como lo queráis llamar, pero no caigáis en la tontería: en resumen, todo se explica con algo tan simple como que lo que se sueña, aunque se esté muerto, no atiende a ninguna razón. Y aplausos en la bancada lostie, silbidos en el del resto de la humanidad). Si todo fue un sueño, o no pertenecía a nuestra realidad, los guionistas ya no tenían que molestarse en responder nada. Fin del show.
Por supuesto que es un final legítimo. Lo han emitido, a la vista está. Pero es un fraude, porque ese final podría ser la solución para cualquier otra obra de ficción. Harry Potter descubre que en realidad murió a los once años y que lo que ha "vivido" en esos siete años no ha sido sino fruto de su imaginación subterrenal: el asesinato de sus padres, el bando de Snape, la muerte de Dumbledore (¿y los fans de Harry Potter deberían haberse sentido igual de satisfechos? ¿Por qué con Perdidos sí y con la saga de Rowling no?); o Frodo, o Lisbeth Salander, o vete tú a saber quién más. Ese final encaja en cualquier historia de la literatura, cine y televisión universal, y en todas produce el mismo (lamentable) efecto. Insisto, losties: ¿por qué sí debe valer en Perdidos y en el resto nos tendría que decepcionar?
Perdidos no merece pasar al olimpo de las series. Sólo el fanatismo de sus más fervientes han hecho que perdamos de vista el poco nivel de la interpretación (salvada por muy pocos actores), un escenario verde que varía en poquísimas ocasiones y una trama que se perdió a mitad de su andadura, cuando ni siquiera supieron provocar interés por la galería de nuevos personajes que acudían, y que iban matando a golpe de plumilla. La prueba de cuán decepcionante es este desenlace es que cualquiera podría haberlo escrito, sin haber visto de la serie más de un minuto o dos. El resultado hubiese sido el mismo. La Palabra de Dios hubiese llegado a los fans por el mismo camino.
Porno y esoterismo
sábado, 1 de mayo de 2010
Desconcertado me quedo al leer que una ley prohibirá el porno en televisión, mientras que el esoterismo, las pamplinas de la adivinación, quedarán relegadas a la madrugada. Se supone que habrán dedicado cientos de horas a desarrollar este texto legislativo, pero no encuentro la razón para ver una cosa más perjudicial que la otra. De hecho, opino precisamente lo contrario: el porno es o puede ser una vulgaridad, pero es lo que es y tiene su espacio restringido. Los programas del tarot, sin embargo, son una engañifa que no debería consentir ningún ejecutivo. Son una fe por la que no puedo tener respeto. Permitir que esos espacios sigan en línea y generando dinero, cuando otros ministerios se ocupan de perseguir placebos en las farmacias o pirámides especuladoras, es algo que no entiendo. Magia en el siglo XXI, no me hagan reír. Conclusión: esoterismo para nadie, y porno para quien lo quiera ver. Si la gente quiere ver cómo una tía se friega los bajos, a mí plim. Pero que existan españoles tan estúpidos como para tomarse en serio lo que diga una lectora de cartas, me preocupa porque es la gente que vota a la vez que yo. La gente que no sale de fiesta un viernes porque el horóscopo no se lo aconseja. La gente que deposita su futuro en la pluma del becario de turno que se encarga de redactar qué chiste sucederá con acuario hoy.
Apagón
martes, 30 de marzo de 2010
"V" en retrospectiva
domingo, 22 de noviembre de 2009
Con el remake de la serie (y su clara influencia valenciana. ¡Por fin la prueba definitiva de que los valencianos provenimos de otra galaxia, y de una especialmente cool!), me sentí tentado de revisionar la serie original de "V", aquella que veía en mis primeros años por culpa de mis hermanos (o gracias a ellos) cuando lo que correspondía para mi edad era algo más del tipo Barrio Sésamo. De Espinete no guardo ningún recuerdo, pero de lo que es Diana, todos y cada uno de sus movimientos.
- En un principio parece que los "invasores" son un pueblo de igualdad de géneros, a juzgar por el alto cargo de la mala Diana. Luego, con la llegada de la superior Pamela, el dato se reitera. Todo para nada, porque una le acaba diciendo a la otra: "Yo también me acosté con el líder para llegar alto". Menuda patada en los huevos a quien se pensase que en esta historia las mujeres tendrían sesos. Se salva Julie, la jefa de la resistencia.
- El guión crea muchos paralelismos entre la ocupación nazi y la de los invasores, sobre todo desde el punto de vista judío-terrícola. Uno acaba creyéndose todo ese rollo de "abajo el fanatismo, fuera las razas" pero de nuevo llega otra patada al sentido común cuando la resistencia decide que la mejor forma de hundir a los alienígenas es demostrar que son físicamente distintos. Eso, pese a que hay alienígenas buenos. ¿Dónde cabe la reflexión? "Si son distintos, son malos", es la conclusión de los buenos. Por si fuera poco, y pese a las menciones de antiguas cámaras de gas del holocausto, los humanos acaban con los visitantes con un polvo tóxico letal. De nuevo un aplauso al doble filo del guión. Para mear y no echar gota.
Fan terrible
domingo, 20 de septiembre de 2009
Digo que soy fan de Belén Esteban y nadie me cree. Será que parezco demasiado inteligente para "seguirla", pero oye, más estúpido sería creerse demasiado inteligente para seguirla.
Anuncio de Coca-Cola
jueves, 27 de agosto de 2009
Nunca vi un anuncio de Coca-Cola tan delirante. Una cosa es pedirnos que reciclemos la lata, que sí, y otra muy distinta que nos conozcamos la red de distribución internacional de la bebida de la felicidad, que ni siquiera tiene nombres de ciudades sino de las empresas. De chiste. Se les ha ido la olla con este anuncio...
Sálvame
miércoles, 22 de julio de 2009
Crónicas Salemitas no es un blog de nivel. No empleo un lenguaje pedante, no trato temas metafísicos, no me gustaría ser un cultureta o intelectualoide. Prefiero ser natural, con mis luces y sombras.
Mis series
lunes, 20 de julio de 2009
Si existe La Serie, esa es definitivamente Friends. Es la comedia televisiva por excelencia y supo aguantar el tipo hasta el episodio final, con esa imagen vacía del apartamento que todavía me revuelve el estómago. A mí me gustaban todos los personajes menos Joey, que fue precisamente el del spin-off, y espero con ilusión que un día se anuncie la película. Tiempo al tiempo.
APM?
domingo, 3 de mayo de 2009
No todo en la televisión es basura, que no, y pensaba que ya había recomendado en este blog un programa que me encanta, emitido en la televisión catalana. No vamos a negarle a TV3 su programación ampliamente superior a la de muchas otras televisiones públicas y privadas. El programa es APM? y es una especie de batidora, pero muy bien montada. Los videos tienen gracia, pero es la transición lo que pone el chiste. Este que he encontrado no es gran cosa, pero seguramente encontréis otros más molones en el YouTube, o en la tele, si os alcanza la TV3.


