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Desconexión


Crónica de un viaje a Japón: Tokio (i)

Después de décadas recibiendo japoneses en nuestras tierras (los eternos «chinos», aunque sean nipones de pasaporte), con flujos eternos de turistas asiáticos recorriendo la Ciudad de las Artes o interrumpiéndome el paso en la acera de Cibeles, llegó la hora de cambiar las tornas y conocer a nuestros amigos en su ambiente, en el país del sol naciente. La ocasión lo merecía: un vuelo casi low cost en la mejor temporada del año: la flor del cerezo. O unos días después, vale, pero de todos modos nunca me han entusiasmado las flores.
Casi todo el mundo quiere visitar Japón alguna vez. A mí me llamaba desde hacía años, y eso que de pequeño no me dejaban ver Bola de dragón y tampoco me empapé de Humor amarillo. Sin embargo, me moría por ir. Será la literatura, los (pocos) mangas que he leído, el cine que no acabo de entender o su comida con la que sí me entiendo mucho, pero Japón me atraía. La ocasión llegó de pronto y la aproveché.
A pesar de la poca antelación con la que organizamos el viaje, tuvimos en cuenta algunos consejos que debes seguir si te animas a visitar el archipiélago. Me fie (e hice bien) de los foros de viajeros, donde nos sugirieron itinerarios para los pocos días que estábamos en Japón. Pasamos de los lugares frikis más emblemáticos (ninguno de nosotros podía considerarse otaku o mangaka ni remotamente), que ocupaban el 90% de cualquier ruta propuesta; eso nos dejaba tiempo para visitar los sitios verdaderamente interesantes. Le quitas horas a los edificios de jugones y cómics y te queda muchísimo para disfrutar del otro Japón. Un Japón que también mola. El Japón que yo quería.
Uno de los consejos más importantes que me dieron fue comprar una JR Pass. Se trata de un billete de tren que, durante un periodo determinado de tiempo, te permite viajar por prácticamente toda la red ferroviaria de Japón. Es un billete exclusivo para turistas extranjeros, que rentabilizas a los pocos viajes y que (atención) sólo puedes comprar fuera del país. Si esperas a llegar allí para hacerte con la JR Pass lo llevas claro. Primer consejo: comprar la tarjeta en cualquier agencia de viajes autorizada. La JR Pass, además, permite viajar por varias de las líneas de metro de Tokio (la red subterránea se la reparten entre distintas empresas, un lío). Si encima eliges un hotel que esté cerca de una, te ahorrarás un pellizco en transporte urbano. Lo otro que es aconsejable comprar antes de viajar a Japón es la entrada al Museo Ghibli de Hayao Miyazaki. Seguramente puedas hacerlo en la misma oficina turística donde te vendan la JR Pass. Esto es importante, porque el museo no vende entradas en la taquilla, y para conseguirlas en Japón tienes que entendértelas con un cajero automático de nosequé compañía de banco.
Esta es una máquina expendedora SENCILLA.
Las había hasta con dolby surround.
Pero volvamos al viaje. Al momento en que aterrizó el avión. Una vez nos hicimos con las maletas y validamos nuestra JR Pass (la sacas en Madrid, pero la validas al llegar a la oficina correspondiente del aeropuerto de Tokio), tomamos el metro hasta el primer hotel. Ya en el andén se notaba que Japón es muy distinto a España. Incluso en algo tan elemental como una máquina expendedora de comida, parece que nos lleven un siglo de ventaja. Nada de un panel con diez botoncitos a combinar para comprar un KitKat: las máquinas expendedoras japonesas tienen pantallas táctiles que ya querrían la mitad de casas españolas, con sus videos de publicidad y animaciones a cada segundo. Una de las primeras cosas que comprende uno cuando llega a Japón es la afición que tienen a los monigotes-mascota para cualquier situación. En España cuesta imaginar una mascota tipo Pocoyó para una marca de fregonas o para explicar cómo hacer una cola en las taquillas del Prado. En Japón está a la orden del día.
Con muchas dudas (yo era el encargado de buscar la ruta al hotel, y lo había dejado para el último momento) llegamos hasta Kōtō, el barrio donde dormiríamos. Al día siguiente partíamos a Kioto, y la primera parada en la capital era circunstancial. Como la estancia completa la haríamos a la vuelta, decidimos probar una experiencia fuerte para empezar: una noche en un hotel cápsula. Elegimos el Tokyo Kiba Hotel, donde por un ojo de la cara pudimos dormir en el espacio más pequeño de nuestras vidas.
Para mi alivio, acerté con la ruta de metro. Llegamos al hotel (un edificio estrecho junto a una carretera elevada, un paisaje de diez) y tuvimos nuestro primer conflicto lingüístico. En la oficina de la JR Pass del aeropuerto nos habíamos entendido más o menos bien, pero con dificultades. Al llegar al hotel cápsula descubrimos (y lo confirmaríamos varias veces al día hasta el final) que si los japoneses de a pie saben tan poco inglés como los españoles, los japoneses que trabajan con el turismo saben todavía menos que los nuestros. No lo hubiese imaginado en la vida.
Llegué a mi cápsula con reservas. No me siento cómodo en los espacios cerrados (todavía recuerdo cómo tuve que dar media vuelta cuando me proponía entrar a las tripas de una pirámide de Giza. Y sólo había dado tres pasos...), y la idea de dormir en una especie de cajón-congelador no me seducía en absoluto. Sin embargo, las cápsulas tienen una cortinilla de mimbre en vez de puerta, de modo que nadie puede encerrarte. La desventaja es que pierdes mucha intimidad, pero así es imposible sentir claustrofobia. El hotel contaba con decenas de cápsulas en fila, con pasillos larguísimos lleno de celdas a doble altura. Si las cortinillas tienen que amortiguar el ruido de un pasillo repleto de viajeros, la experiencia de ruido debe de ser horrible en temporada alta. Por suerte, no había nadie más con nosotros.
El típico pasillo de un hotel cápsula.
Antes de salir a ver Tokio curioseamos un poco el hotel. Nos facilitaron taquillas para las maletas, pijamas y hasta cepillo de dientes. Ni siquiera en eso nos parecemos: es bastante habitual que los hoteles te ofrezcan cepillos de dientes de usar y tirar. La pasta de dientes ya está entre las cerdas para que no tengas que comprarla: simplemente abres el plástico, te cepillas y lo usas (quizá te dure un cepillado más, pero quién va a apurar el gel cuando tienes cientos de cepillos desechables esperándote en recepción). Es un inventazo, pero me pregunto dónde acumularán tanta basura.
El hotel cápsula tiene otra desventaja, y es que tienes que compartir baño. En esto también me sentí un viajero del pasado: nunca he visto un retrete con tantos botones y sonidos. Tenía tantas funciones que llegué a dudar si había utilizado alguna vez un váter. Lost in Translation total.
Como todavía podíamos robarle unas horas al día, fuimos a conocer el barrio. No sin cierta dificultad, la recepcionista nos recomendó un templo budista cercano. Mientras íbamos de camino me fijaba en todos los viandantes y me divertía comprobar cómo cambian las proporciones: cuando vas a Japón, los nipones son la mayoría. De hecho, durante toda la semana tuve la impresión de que éramos muy pocos los occidentales. Esperaba ver más turistas. ¡Es Japón! Uno cree que todo el mundo se muere por ir.
Por fin llegamos al templo en cuestión, que seguro que tiene un nombre complicadísimo porque no lo consigo recordar. Otra recomendación: cuando visites Japón, empápate de su mitología con antelación. Es muy frustrante ver perros, dragones y señores gordos y no hacerse a la idea de lo que representan. Haz los deberes antes, porque lo disfrutarás mucho más.
Además del templo, imprescindible, dimos los primeros bocados a la comida japonesa local, la de los puestos callejeros. Ahí conocí por primera vez en mi vida lo que es el azar, porque te tienes que conformar con señalar una bola y pagar antes de descubrir si es carne, guisante o dulce. Cuando no sabes japonés, comer en Japón es casi una situación de riesgo. Menos mal que soy de buen comer y no le hago ascos a casi nada.
También presté mucha atención a los japoneses. Una cosa es verlos en España, uniformados de turistas y con la cámara de fotos siempre a mano, y otra cosa muy distinta es contemplarlos en su país, donde hacen las cosas del día a día. A excepción de algunas mujeres en quimono (y con calcetines blancos bajo las sandalias, al más puro estilo Benidorm), visten igual que los madrileños. Muy sobrio y normal. Sobre todo las mujeres. Los hombres, curiosamente, arriesgan más. Pero en general la vestimenta de la calle es tan occidental que aburre. Tienes que mirarlos a los ojos para recordar que estás en Asia.
Una vez agotado el barrio, nos fuimos a dormir. La experiencia en la cápsula no fue tan mal (aunque no entendía nada de lo que echaban en la televisión). Había que dormir. Próximo destino: Kioto.

Dónde estoy ahora mismo


La crónica a la vuelta. Algunas pistas vía @el_croni.

La ciudad bajo la ceniza

Visitar Roma está bien. Uno no pasea en vespa ni vive historias de amor para mocciacos (¿por desgracia?), pero tiene tantas cosas que ver que cualquier guía de viajes se queda corta en folletín. De hecho, es la sensación que transmite Roma: que tienen más patrimonio del que se pueden permitir. Están desbordados de tanta historia, de tanto arte.
Florencia resulta muy distinta a la capital y en sus calles no se respira menos cultura. Y qué voy a decir de Venecia, archirreproducida en todas las artes. No importa las veces que nos lo cuenten: hay pocas cosas comparables a pasear por la ciudad. Es una vivencia que ni las canciones, ni los libros ni tampoco los cuadros pueden transmitir con fidelidad.
Sin embargo, de todos los rincones que he conocido de Italia de Norte a Sur no hay ninguno que me sorprendiese tanto, y tan positivamente, como Pompeya. No es porque no tenga italianos, que os veo venir. Lo de la antigua urbe romana es algo superior. Mejor que cualquier recreación cinematográfica o parque temático de Benidorm. Pompeya es una maravilla, una oportunidad imprevista para que los de nuestro tiempo paseemos -de verdad, no es maquetas o decorados- por las calles y casas de una auténtica ciudad de la antigüedad.
Pompeya, que desapareció bajo las cenizas del Vesubio en el 79 después de Dios, está casi como la dejaron los que la disfrutaron entonces. Con sus panaderías y prostíbulos. Con sus «Cuidado con el perro» y hoteles Parador. Su vida pública y la doméstica, sin versiones edulcoradas que la quieran reinterpretar.
La ciudad momificada no es un simple envase fosilizado. Guarda además buen registro de todo lo que sucedió allí hasta un minuto antes del desastre, y nos revela con más fidelidad que muchas crónicas cómo era vivir en la Roma imperial. Pompeya, por ahora, sigue abierta a los turistas, y mientras los arqueólogos desentierran nuevos capítulos de su historia, nuestro tiempo, el mismo que la disfruta, la destruye con más fuerza que un volcán. Es su suerte.
Si podéis, no os perdáis Pompeya. En los últimos años se han destruido algunos muros que habían «rescatado» por culpa del viento. Si su maldición es que pisemos su suelo antes de convertirse en polvo para siempre, habrá que visitarla para que los dioses se salden de una vez por todas su deuda.
Después, nos quedará esta canción para imaginar lo que fue.

Lo que de verdad vi en Egipto

He visitado Túnez y Egipto, los dos países africanos donde han estallado revueltas populares en las últimas semanas. Será que tengo una especie de talismán para la democracia, pero lamento anunciar que todavía no han estampado el sello de Cuba en mi pasaporte. Siempre he dicho que quiero estar allí en el momento en que muera Fidel. Por lo menos, podré decir que estuve en el país de las pirámides antes de la caída de Mubarak.
Cuando en el mes de octubre publiqué en este mismo blog Crónica de Cro en Egipto, me limité a ilustrar algunas de las bromas privadas del viaje. No era lo más interesante que contar, pero es que las semanas que siguieron entran en las páginas más negras de mi biografía impublicable y quería distraerme con cualquier asunto susceptible de provocar bajón. El Egipto que yo conocí no era perfecto, lo advierto. Tampoco se trataba del infierno terrenal. Era un país con sus luces y sombras, más sombras que luces. Fuese lo que fuera, no lo volverá a ser.
Yo visité un Egipto turístico, el del Nilo, donde se desarrolla toda la economía del país desde tiempos de la faraona Castaña. Sólo estuve ocho días, de modo que mis impresiones son bastante rápidas. Eso no significa que no conociese un poquito más que la mayoría de los turistas. En cuanto mis amigos y yo aprendimos la lección de los paquetes turísticos (pagas mucho más por ver mucho menos. ¿La alternativa? El taxi, aunque se trate de una distancia de horas. Merece la pena), nos hicimos más a Egipto y Egipto más a nosotros. Y mi visión del país fue muy distinta desde esa hora.
Primero, que no me enteré que fuese una dictadura. Se hablaba de democracia corrupta, pero no tuve la misma sensación que en Túnez, cuando la guía de El País se pitorreaba del respaldo del 98% de los votantes con el presidente. Egipto no es exactamente así, aunque no me queda muy claro cuál es la realidad. Fui en época de elecciones municipales y había distintas opciones -algunas, con rostros femeninos. Las menos, ¿pero acaso no son las menos también en España?- para votar. La gente de allí, en privado, nos hablaba de gobiernos mejores y gobiernos peores. No sé por qué omitieron que Mubarak era presidente desde el 81. Ahora me hago estas y otras preguntas, porque tampoco tuve sensación de que existiese una ley del silencio. Creo que lo consideraban un presidente corrupto, pero en ningún caso un dictador. Cada tantos años se celebraban elecciones para disimular.
Cuando llevábamos una semana de viaje y dos días en El Cairo, ya lo habíamos aprendido todo sobre los timos de Egipto. Picamos con el hombre de las inmediaciones del Museo Nacional que te dice que está cerrado por la oración y que compres en el bazar más cercano para aprovecharte del descuento del día de la patria (Lonely Planet reproduce el fraude palabra por palabra. Lástima que lo leyésemos unas horas después y no unas horas antes), y Dios sabe en qué más caeríamos. Para cuando visitamos el barrio de los coptos, los cristianos de Egipto, enseñábamos los dientes en cuanto nos dirigían la palabra. Fuimos en el metro de la ciudad (un metro que no está nada acostumbrado a los turistas, y que merece la pena conocer) hasta el Norte y vimos cómo nos cerraban las iglesias y museos en las narices. Estábamos a punto de volver, al ritmo que las farolas se encendían -o no lo hacían, pero la luz del sol desaparecía- cuando se nos acercó un grupo de jóvenes que no nos dio ninguna buena espina. Nos siguieron y uno de ellos preguntó con un español espléndido de dónde éramos. No sirvió de nada huirle. Después de todo, ¿adónde podíamos ir? Cuando no pudimos esquivarlo por más tiempo, nos explico que era un estudiante de filología hispánica y que estaba dispuesto a enseñarnos la ciudad gratis sólo por practicar un poco su español.
Naturalmente, no nos lo creímos. Buscamos a toda prisa una descripción del timo en la guía ("Supuesto filólogo que se gana la confianza del turista para después dejarlo sin blanca") pero no encontramos nada. Al final accedimos a visitar el centro con él, pero le dejamos bien claro que no le íbamos a dar un duro. También que no saldríamos de ninguna zona transitada. Nada de lo que nos pudiésemos arrepentir.
El chico se llamaba ----- y nos regaló unas cuantas horas de su tiempo. Por decir, podemos presumir hasta de que él y su pandilla pagaron nuestras Coca-Colas en un bar de después, demostrando que no todos los egipcios pretenden sacarte los cuartos: algunos, incluso, te invitan a beber. Y en ese tiempo, cuando nos llevaron a El Cairo alternativo, cuando cenamos donde cenan ellos, cuando vimos donde hacen las compras, comprobamos de verdad cómo es la vida en la ciudad. Él nos habló de la enorme pobreza, y la absoluta dependencia del turismo del exterior. De cómo los cristianos son marginados continuamente pese a que el gobierno se llene la boca de igualdades, y que el dni los obliga a indicar su religión (la opción de ateo no existe. Y si quieres que en tu documento figure tu fe cristiana, atrévete a la mayor aventura de papeles por rellenar. Si por el contrario te conviertes al islam, son todo facilidades). Pese a ello, ----- también nos contó que los cristianos, pese a ser los menos, tienen cierto prestigio de honradez. El gobierno siempre ha sido musulman, pero existe la tradición de que el ministro de economía sea cristiano. Gracioso, ¿verdad?
También escuchamos las imposibilidades de prosperar en el país, y cómo los jóvenes están cada vez más frustrados. Que todavía existen los matrimonios de conveniencia, y que ningún padre dejaría que su hija se case con un chico sin pelas. Los solteros son cientos de miles. Ya no creen que alguna vez se puedan casar. Con semejante paro no hay posibilidad de comprarse un piso. Sin piso, olvídate de dar el paso al altar.
Aunque las mujeres con burka eran las menos, el velo estaba extendido hasta en la capital. Eso sí: las que lo llevaban se mezclaban con las que no como si nada, y no existía ningún estigma social. Los hombros tapados, eso sí, y se quedaban a cuadros cuando veían europeas paseándose en tirantes como si fuese lo más normal. Distintos grupos de egipcias pararon a mis amigas en varias ocasiones para fotografiarse juntas (a los chicos ni nos miraban). Estaban impresionadas con todo lo que dejaban ver. Se reían sin parar. Aunque las egipcias están muy lejos de la igualdad de las españolas, no responden al tópico musulmán general.
En cuanto a nosotros, y viendo lo que ha ocurrido con otros países árabes, dudo que exista una época más segura para los turistas que la que acaba de terminar. Existe un cuerpo militar exclusivo para turistas y los egipcios se meten en problemas si nos hablan sin nuestra autorización. Siempre existen los que se lo saltan, claro, pero saben que en cualquier momento pueden recibir una buena tunda de los militares. Éstos, por lo que nos contaron, son los grandes privilegiados del país, con todo tipo de servicios a su disposición, la mayoría fuera del alcance de los egipcios. Por eso han tardado tanto en tomar posición en la revolución. Se juegan mucho, pero saben que nada es para siempre.
Nosotros nos aprovechamos de un octubre ultra-seguro para los turistas. Subimos en metro, hicimos cientos de kilómetros en taxi, nos paseamos por calles donde la Lonely Planet no sugería qué visitar. Dudo que podamos repetir un viaje semejante. Los países controlados por militares son mucho más seguros para los extranjeros, sí, pero no son ningún paraíso para sus habitantes. Es hora de que Egipto sea para los egipcios. Son ellos, y no los turistas, los que lo tienen que disfrutar.

Crónica de Cro en Egipto

Si ya sé que estáis deseando que me olvide de publicar mi crónica del viaje a Egipto, pero no vais a tener esa suerte. Eso sí: aprovechaos de que esté en plan vago y salga del paso con unas viñetas hechas en treinta minutos, dibujadas y escritas directamente con boli bic. No se puede ser más cutre, a diferencia de Egipto, un país que tenéis que visitar.

Cro está en Egipto

Egipto a la vista

La última vez que hice un señor viaje os pedí información del destino (recomendaciones de música, libros, películas, etecé), que entonces fue Nueva York, y las respuestas me resultaron muy útiles. Ahora, dos años después de aquello, vuelvo a subirme a un avión para viajar a Egipto y os lo pido de nuevo: ¿alguna recomendación antes de ir? ¿Consejos para los que ya habéis estado o recomendaciones culturales que se puedan disfrutar desde el sillón, y que sirvan para ir abriendo el apetito?

Entrecejo

Me gustaría hacer un viaje antes de terminar 2009. Queda mucho, ¡pero parece tan difícil! Y como nadie me quiere acompañar a la sabana africana (supongo porque temen que me quede a vivir allí para siempre, cosa que barajo sinceramente) propongo otros sitios y nada. Japón se escurrió de los dedos, el Polo Norte pinta muy frío y la Luna, ché, pilla lejos. Luego salió lo de la Ruta 66 en caravana, claro que sin mi carné de conducir tendría que confiar mucho en los conductores (y como Don J. lee este blog, como me dejó bien claro ayer cuando le recomendé el disco de Pastora, puede darse por aludido). Yo me veo de copiloto, dando conversación (siempre he sido un extraordinario copiloto: sumiso con la música del radio-cassette y animador en las horas bajas) y señalando con el dedo a todos esos granjeros de las películas. O en el asiento de atrás, leyendo cualquier libro inspirado en esa mítica carretera. No sé. Algún día. Todavía hay que convencer a los demás. Se supone que somos jóvenes, ¿no?

Dónde viviría y un trío de posdatas

No me apetece aburriros con política, aunque supongo que si venís a este blog ya sabéis lo que os vais a encontrar. Tampoco quería poneros música, por más que lleve varios días cantando una de Klaus & Kinski. Con mi cabeza puesta en un futurible Erasmus, del que no me quiero ilusionar porque puede fallar cualquier cosa de mi cadena de milagros, me he dedicado a pensar en cosas que me distraigan. Listo soy yo que me voy a los lugares del mundo donde me encantaría vivir.

Pensaba en la sabana. Creo que estoy hecho para la sabana. Tengo ese espíritu aventurero y aguante para la soledad. Viviría rodeado de animales, los de África, los mejores. Tendría media docena de negros a mi servicio, descubriendo qué son los derechos humanos y del trabajador y contándoselo a los de su aldea. Iría a un pozo a sacar agua ("Mugambe, no te preocupes", le diría al negro de pelo amarillo. No preguntéis, pero tiene que tener el pelo amarillo. "Ya me encargo yo del agua") y después usaría la flauta que me regaló Magiba para espantar a las serpientes. Me pasaría la mañana viendo a los elefantes y la tarde dibujando jirafas. Algún día me acercaría hasta los leones, pero sólo para rescatar a Simba ("león" en suajili, lengua que sabéis que domino) de las hienas y formar así parte del ecosistema. Sería algo así como feliz, en la sabana. Sí, creo que sería mi paraíso perdido. ¿Cuál sería el tuyo?

Posdata: me he creado un twitter, y como los nicks lógicos ya estaban escogidos (alguno, con único propósito de suplantar mi identidad) me decanté por el_croni, o El Croni, que viene a ser mi versión chunga de graffittis. Tiembla cuando lo veas escrito en tu ciudad. A primeras es un feed del blog, pero creo que escribiré más cosillas: no de qué estoy haciendo, si no ideas y demás paparruchadas. Cosas que por brevedad no me daría para escribir en este blog. ¿Me followeas, darling?

Posdata 2: Capaz me animo y cambio el encabezado del blog, que el actual es una foto. Debería aprovechar que tengo escáner ahora y hacer un dibujo actualizado. Pintar no lo sabría pintar, así que volvería a los crayolas azules como un condenado.

Posdata 3: Lo preguntan sobre todo en HarryLatino, pero sirve para aquí: ¿para qué sirve la publicidad de las webs? Pues para el mantenimiento del sitio, para eso (y en el caso de Crónicas Salemitas, servía antaño para calcular las visitas - ahora me he pasado a Google Analytics). Claro que da igual la gente que vea el banner si no pincha en él, porque es de los "pinchazos" de donde verdad se contribuye. Lógicamente los de Google no son tontos, y prohíben (CON RAZÓN) que la gente anime al pinchazo. Es de cajón. La gente sólo debería pinchar en la publicidad cuando le interesa, pero ya que preguntan: no, no hay ingresos por "ver" publicidad. Es sólo por pincharla.

Pekín Expréss

Lo veo y me da una envidia de narices. Pienso: "¡Ahí podría estar yo con Julián!". Qué envidia cochina me da ese viaje. Ni me pregunto cuál será el premio, la ruta ya es un trofeo en sí. Pero claro, están las cámaras. A Julián le dan igual, pero yo no soporto la sensación de ser observado, mucho menos por gente que me conoce. Quizá tendría que irme a América Latina a participar, capaz ahí sí. ¿Te apuntas, Juli? Porque ganábamos fijo. A lo mejor no nos volvíamos a dirigir la palabra en siglos. Pero que ganábamos, estate seguro.

Ahora sí: la entrada sobre Barack Obama, o de cómo un negro (que no lo es tanto) llega a la Casa Blanca

Muy hasta el final, creí que Hillary sería la candidata demócrata. Supongo que lo creía yo, ella y millones de personas. Después de todo, era la apuesta segura. Y no, menudo es el destino, que un desconocido (para nosotros, y para la mayoría del electorado estadounidense) se coló en su carrera y acabó con el puesto deseado.

Luego fue la lucha contra McCain. Su victoria parecía cada vez más segura, aunque siempre estaba la incertidumbre de las encuentas. Hasta el día de las elecciones, nada.
Luego estuve yo en Viena, en un apartamento Erasmus, leyendo las noticias en el iPod y desencajándome al leer que algunos Estados ya habían empezado las votaciones. "¿Cómo? ¿Que no es el domingo?". Era ese día, pero yo ni me acordaba. Líos de los viajes. Casualmente, ese día llevaba mi camiseta cool-cantamañanas de Obama: no es una camiseta de apoyo, sino de diseño. Igual que quien lleva al Ché Guevara.
Por último, Obama ganó las elecciones. El resto, es literalmente Historia.

No me gusta hablar de lo que no sé. La gente se llena la boca con la ultraderecha republicana y el socialismo demócrata, pero las cosas no tienen nada que ver con eso. En realidad, y aunque cueste reconocerlo, son unos partidos extremadamente parecidos. Todavía lo son más a nivel internacional, por lo que en lo que respecta a España, poco notaremos el cambio. Sí, lo habrá, pero que nadie espere revoluciones. Los demócratas y republicanos son mucho más parecidos al Partido Popular que al PSOE, por más que Zapatero insista en convertirlo en socialista. Esa es la prueba: ni un demócrata consiente que le llamen socialista. Más claro, agua.
No espero grandes cosas de Obama, quizá por eso estoy tranquilo. Creo, de verdad, que puede ser un buen presidente. El hecho de no tener tanta experiencia no importa tanto, cuando hay inteligencia y ganas de hacer. Menos preparado estaba Zapatero cuando llegó a presidente, y algo ha mejorado en estos más de cuatro años. Lo que me preocupa es que la gente le exija demasiado, cuando Obama es humano y no va a poder darles el paraíso terrenal. Obama ya no es un presidente, es un símbolo. Y los símbolos son armas de doble filo, y cuanto más confías en ellos más hondas son las decepciones. Sospecho que estaremos todos muy cerca de lo que ocurra con este hombre. Estados Unidos sigue abanderando el capitalismo, y no entiende de socialismo. La crisis necesitará intervencionismo, y espero que no se lo pongan difícil. Lo que haga él nos afecta a todos.
Inevitablemente, su color de piel es noticia. Es noticia porque a fecha de hoy, eso lo que hace su logro algo verdaderamente histórico: después de todo iba a haber un nuevo presidente esta semana, eso no iba a ser noticia. Pero que un mulato, aparentemente negro, sea capaz que lograr El Puesto es digno de mención en las enciclopedias de los próximos siglos. Me alegra por su comunidad, que ha sido tan discriminada en el "país de las libertades", y por otros sectores discriminados, que verán esto como una oportunidad de progreso. De verdad me alegro. La discriminación que sufrieron y sufren los negros estadounidenses logra enervarme. Si hubiese vivido allí, no hubiese podido consentirlo. En Creencias erróneas podría dedicar la entrada a contar que Obama no sólo tiene sangre blanca en las venas, sino que su propia madre era blanca. Sin embargo supongo que eso ya será bien sabido por todos (no por mí, que no he podido tragarme todos los reportajes televisivos intensivos como hubiese ocurrido en otras circunstancias, de estar en casa). Sin embargo, la próxima entrada de Creencias erróneas también irá de presidentes de Estados Unidos. Próximamente.

P.D.: Por Viena bien, que ya sé que si no lo digo alguien preguntará. Hay M&Ms Crispy en cada kiosko. Luego la gente no me cree cuando cuento que en una tienda de tres pisos dedicada a los M&Ms, la M&Ms World de Nueva York, no había esta variedad entre todos sus productos. Pero es cierto, qué le vamos a hacer. Nunca invento nada. Puedo bromear, pero no invento. ¿Para qué iba a hacerlo?

Huele a que Obama gana, pero desde que creí que Rajoy y Pla ganaban ya no doy nada por seguro. En Viena uno se pierde el circo mediático. Ah, eso, que estoy en Austria. Soy el amigo cumplidor de una Erasmus.

Un Nueva York perfecto

Vuelvo (con mucho sueño acumulado, eso sí) de la Ciudad Que Nunca Duerme y ya lo hago con ganas de volver. Nunca creí que fuese a gustarme tanto. Es increíblemente atractiva, sorprendente y emocionante. Algunos "highlights", como dirían ellos:

  • Los edificios son geniales. Incluso los que pasan desapercibidos son geniales.
  • El metro, escaso escaso. Pocas paradas y a determinadas horas, con trenes con cuenta-gotas. Muy seguro, eso sí.
  • Porque todo Manhattan es alarmantemente segura. No ha habido ni un sólo segundo en el que nos sintiésemos en peligro o nos diese mal rollo sacar el móvil (o el iTouch, si viene al caso). Nadie con ganas de molestar. Todos a su rollo, como a mí me gusta. Creo que nunca me había sentido tan seguro en una ciudad.
  • He echado en falta más campaña electoral. De hecho, y a excepción de las portadas de revistas, poca campaña se veía (sí, ¡aunque por la tele española parezca que sea la comidilla de cada hora!). Yo me he vuelto con una camiseta de Obama '08, naturalmente. No porque apoye a los demócratas (que a mí plín, poco más plín que los republicanos) sino porque yo soy re-pop y re-cool y no me conformo con la camiseta del Ché. Camiseta que no tengo, por cierto.
  • Nuestro hostal era mi-se-ra-ble. Chelsea International Hostel (por si quieres descartarlo de futuros viajes). No respetaron nuestras reservas, nos separaron en distintas habitaciones y todavía tuvieron huevos de cobrarnos más. JJ y yo hemos compartido habitación con todo un circo de personajes: un eslovaco, un colombiano, el japonés, el sueco, el tipo del tatuaje en la espalda que llegó a la 1.30 am sudado y sin camiseta (y al día siguiente ya no estaba) o el francés, que dormía en la litera de abajo y me despertó a las 5:30am con el recuerdo más traumático del viaje. Dudo que pueda olvidar aquello en la vida.
  • Música en vivo: como mis amigos a veces tienen el don de sorprenderme muy negativamente, preferían un local de música negra de cedé (que en Valencia huirían despavoridos) en vez de otro con música en vivo, como toca en un sitio tan tan como Nueva York. Suerte que Chumi se atrevía con todo y ahí fuimos a conocer el Bowery Poetry Club.
  • Vale que no encontrase M&Ms Crispy en los kioskos, pero que no existiesen en el M&Ms World, una tienda exclusiva de M&Ms de tres pisos, ya era demasiado. Un millón de variedades de M&Ms y ni rastro de la bolsita azul. Qué huevos cuando sí he encontrado en el aeropuerto de Madrid. Menos mal, porque mis amigos pensaban que me lo había inventado.
  • Soy el orgulloso ganador del Premio Especial del viaje, así como el Premio al Más Simpático y Premio al Peor Enfado (conste que el de Peor Enfado se me dio por evitar malos rollos con quienes sí habían tenido enfados xD no es creíble llevarme el del más simpático y peor enfado a la vez. ¡Tongo!).
  • Genial ver a un negro vagabundo gritarle a un judío que se fuese a vivir a Palestina. Días después fuimos a una tienda de electrodomésticos regentada por judíos donde el 70% de los empleados eran judíos. Ellos sí pueden aplicar esa discriminación laboral, pero que se cuide el resto de no discriminarlos a ellos.
  • Ver al expresidente Kirchner paseando por la Quinta Avenida y pasar por nuestro lado, mientras su señora esposa daba una conferencia no muy lejos de allí. Ver a Daniel Radcliffe y Richard Griffiths (actores, de Equus y Harry Potter) a la salida del teatro. ¡Esto es Nueva York, narices!
  • ¡Comprarme libros!
  • No sé qué Nueva York conoció Mecano, pero el castellano es la segunda lengua de Manhattan y está en muy buena categoría. Practicamente todos los anuncios del metro estaban traducidos al castellano (y no ocurría lo mismo con ningún otro idioma). En todos los establecimientos tenían hispanos, y cuando no, estadounidenses que lo están aprendiendo (me encantó la negrita de Scholastic; Dios, tengo que dedicarle una entrada a ella. ¡Qué genial!). España y América Latina, con sus Academias Cervantes, debería aprovechar el tirón para convertir el castellano en lengua obligatoria escolar del Estado de Nueva York. Está con buenísima salud en la ciudad, no os hacéis a la idea. Podría haber sobrevivido sin hablar ni una sola palabra en inglés.
  • Yo no sé dónde está la crisis, porque los turistas españoles debían ser el 50% de los turistas europeos (que se dice pronto). Una barbaridad de españoles (que sumado a los hispanos, daba como para lanzarse a la re-conquista de la Gran Manzana). Mucho más españoles que italianos, franceses, alemanes... de hecho, exageradamente más españoles que de cualquier otro país occidental.
Hay mil anecdotas, mil cosas. Han sido días muy intensos y no me he aburrido ni por un momento. La compañía no podía ser mejor y el tiempo ha acompañado. Nueva York mola, joer que si mola.


Y ahora, las dos canciones del viaje (totalmente opuestas, no podréis negarlo), cantadas y recantadas a todo pulmón por Manhattan:

Conchita

Acabo de subir a un autobús Washington-Nueva York, tengo más de cuatro horas por delante y un wifi gratuito de la compañía china. Con semejante escenario, es imposible no hablar de Conchita.

Frente a la Casa Blanca, y desde hace treinta años, vive una gallega revolucionaria de nombre Concepción. Su caso empezó como el de la valenciana Carrascosa, actualmente en prisión estadounidense pese a tener a la justicia española de su parte: son mujeres casadas con estadounidenses que perdieron la potestad de sus hijos por la tiranía del "país de la libertad", que da prioridad al yankismo que a las aptitudes paternas. El caso de Conchita es más triste, si cabe, porque el gobierno español se desentendió de ella gracias a que por el franquismo machista, la mujer perdía su nacionalidad al casarse. Actualmente es una anciana a la que seguramente, vivir tres décadas en la calle no habrá ayudado mucho. Pero cree en sus ideales y grita que EEUU es una dictadura, con todos los enemigos que conlleva, y aspira por un mundo de paz sin armas nucleares. Es encantsdora, conserva su acento español -ligeramente gallego- y te ofrece una bandera española para que te saques fotos. Está informadísima, ha pedido ayuda a todos lis presidentes desde Felipe y justifica a Aznar como un engañado por Bush. También es creyente, y creo que son religiosos lis que la han mantenido durante todo este tiempo. Nos cuenta que desde que Zapatero sacó las tropas de Irak, nuestros medios tienen vedadas las conexiones de prensa en la puerta. Psrece imposible que esta mujer encantadora y reivindicativa no sea famosa. En la misma puerta de la Casa Blanca, treinta años. Seguro que si buscáis en internet encontráis de ella. Si no, la misma Conchita os repartirá fotocopias de antiguos artículos de El País. Esta mujer no hace daño a nadie, y está terriblemente cuerda dadas las circunstancias.

Hi from NY. Esto mola.

Spanair dice que no revisará ni retirará los aviones similares al del accidente

Muy bien. En sólo 26 días cojo un MD82 de Spanair para Nueva York (bueno, no va a pasar nada... lo extraño sería que los retirasen).

Qué miserables los reporteros que enviaron ayer a Barajas, ya que me pedís mi opinión sobre la cobertura.
- ¿Es usted familiar una víctima del accidente?
- Por favor, no quiero hablar.
- ¿Pero le han dicho ya si blablablablablablabla?
- Por favor, no quiero hablar, en serio.
- ¿Y sabe si blablablablabla?

Quité la tele.

Gmail para los alemanes

Hú. Sigo en tierras alemanas, y hoy nos ha pillado la lluvia en el lago Titisee o como sea.
Hace tiempo leí en la prensa nosequé rollo de que Gmail con Alemania, que el nombre ya estaba registrado de antes y la empresa de Google no podía usarlo para su correico. Esto es lo que pasa si tecleas www.gmail.com desde una conexión alemana:

No podemos proporcionar servicio con el nombre Gmail en Alemania, aquí nos
llamamos Google Mail.
Si viajas por Alemania, puedes acceder a tu correo
en
http://mail.google.com.
Y nos gustaría enlazar la URL anterior, pero
no
podemos hacer eso tampoco. ¡Que fastidio!
Para obtener información
general
sobre Google, visita www.google.com o www.google.de.

Sin novedad por el frente. Ah, sí, que hemos conocido a una japonesa de Osaka y me he acordado del plan siosí de ir al país nipón con quienes ellas saben. Dicho queda.

Hú desde Friburgo

Son las primeras horas de la madrugada, hemos pasado el día moviéndonos y ni siquiera así estoy suficientemente cansado como para irme a la cama (bueno... "saco"). Estaba mañana cogía un avión con Polivalente destino Basilea, Suiza, y hemos dedicado la tarde a conocer la ciudad. Un rollo (y el hecho de que fuésemos todo el tiempo con la mochila a cuestas no facilitaba las cosas). A las ocho hemos llegado a Friburgo, el Friburgo alemán (sí, ya he oído del Suizo, pero estoy en el alemán, ¿tan difícil es de entender?) donde nos hemos contrado a Chumino, anfitrión del viaje y titular de la habitación de residencia donde nos metemos dos okupas sin pagar un duro. Así da gusto viajar.
Pondría una foto (la única que me he hecho en Basilea) pero Polivalente ha desaparecido en el camino a la cocina comunitaria y no voy a meter la mano en su equipaje para buscar el cable de la cámara. Tampoco merece la pena la foto. Sed buenos y cuidadme el blog. Vuelvo el lunes.

Los asientos más seguros de un avión

¿De verdad se necesita un estudio de la Universidad de Greenwich para llegar a la conclusión de que los asientos más seguros de un avión son los que están cerca de las salidas de emergencia?
Es de coña.
Y ahora harán otro estudio donde dirán que los asientos más seguros para personas con incontinencia son los que están cerca del baño.