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Las mejores portadas de libros

El asunto de las portadas de libros trae cola. Hay gustos para todos los colores, y si para mí una portada de El juego de Ender me parece la leche remengada, los pijos de El Templo la votaron como lo peor de la cosecha. No lo entiendo: me encanta esta cubierta, al igual que las de la anterior versión (la que yo tengo en la estantería). Sin embargo, luego sucede lo contrario: cubiertas que provocan aplausos a mí me sacan algún bostezo que otro. Las de SM diseñadas por Rafael Sañudo, por ejemplo, que sirvieron para el lanzamiento en tapa dura de títulos como Finis mundi o Los escarabajos vuelan al atardecer. No sé, el diseñador tendrá mucho renombre, pero lo que es a mí, me transmite igual que cero.
Suelo preferir las portadas sencillas a las complicadas. Me gustan las nuevas de Debolsillo, por ejemplo, que sin ilustraciones ambiciosas logran atrapar el ojo entre toda la marabunta de novedades de la librería. Especial mención a Cuentos de Dostoievski, aunque la editorial se ha cubierto de gloria (y de la nueva) con el retapado de sus cubiertas. Pásate por cualquier sección de bolsillo de una librería y disfruta con las elecciones de su departamento artístico. Para aplaudir hasta que salgan callos.
Si se trata de introducir una ilustración, no me gusta que sean demasiado complicadas. Siempre hay excepciones, por supuesto, pero cuando el dibujo es demasiado emperifollado me produce dolor. Si se trata de infantil o juvenil, me gusta que la imagen esté integrada con los elementos de texto de la cubierta, ya sea el título, autor o logo de la editorial. Ah, y algo que detesto: las frases promocionales en las tapas. Me repelen. Me da igual si es el último premio Nadal que si lo recomienda Stephenie Meyer. ¿No se supone que las fajas están para eso? ¿Por qué manchar la cubierta con información adicional?
Si tengo que elegir mi cubierta favorita, primero tengo que descartar. Las de Tobi Lolness me parecen maravillosas, igual que las estadounidenses de Harry Potter. Qué cosas, los jóvenes dan más pie a maravillas. No tiene nada que ver que sean libros que me encantan. No me entusiasma ninguna cubierta de Roald Dahl; Quentin Blake será un fantástico ilustrador, pero es un pésimo portadista. ¿Acaso no puede pasar? Eso sí: una composición puede obrar milagros, y si no atentos a los diseños catalanes para el mismo autor.
Pero no me entretengo más. El motivo de esta entrada, por más que haya dado giros de ciego, era para elegir mi portada favorita del mundo mundial. Y sé que es ésta, porque por más que pasan los años la sigo teniendo como mi referencia número uno. Se trata de Vida de Pi, de Yann Martel. El libro está bien, pero oh Dios mío, su portada es maravillosa. ¿Y tú, con qué cubierta te quedas? ¿Cuál es tu favorita? ¿Hay alguna que detestes con toda tu alma?

Sé que moriré este año

Y que será por un accidente doméstico.

Pero qué aburrida es Ciudadano Kane

Yo, que encuentro placer en las hamburguesas de McDonalds y no tengo reparos en viajar en metro, no le encuentro el punto a Ciudadano Kane, película omnipresente en cualquier lista del buen cine. Me pareció tremendamente aburrida, sin nada por lo que decir "esto es lo que les gusta a los demás", y admito que me escapé de la tortuosa sesión en un momento en que mi compañera de piso leía un mensaje en el móvil, ocasión que aproveché para arrastrarme por el suelo y salir al rellano sin que me viese. Cuando llegué a la calle me temblaban las piernas por la impresión. Ciudadano Kane me parecía -y parece- insufrible.
Pongo por delante algo que no escondo: no me gusta el cine. Pensaba que me gustaba, pero no es así, me aburre y sólo aguanto las películas cuando las veo con alguien, porque si por mí fuese las quitaría a los cuarenta minutos. Como mucho. No tengo paciencia. Recuerdo cuando mi padre decía que todas las películas son demasiado largas y yo me reía, porque pensaba que era un comentario de viejo. Ahora me siento terrible por haber soltado una sola carcajada: he llegado a la misma conclusión antes de llegar a los treinta.
Como no me gusta el cine, tampoco pretendo dármelas de entendido -ni en esta ni en otras materias, pero mucho menos en ésta-. No sé cómo serán los planos de cojonudos -a mí no me impresionaron nada, pero bueno- ni las interpretaciones -que vinieron a aburrirme lo mismo-. La historia, a falta de conocer el final, me mantuvo en una permanente inducción al suicidio. No hay nada que me haga comprender por qué la película tiene tanto éxito, y por eso recurro a vosotros, cinéfilos comentaristas, para conocer las razones. Ya digo que no critico sin saber: es que en este caso no critico, sino que sólo doy mi impresión desde la ignorancia. Iluminadme. Hacedme comerme mis palabras. Porque lo que soy yo, he valorado un poquito más Distrito nueve y Nueve, las dos peores películas que vi en 2009: por muy insufribles que fueran, no eran peores que Kane. El único aspecto positivo que le encuentro a este clásico es hacerme valorar un mínimo las últimas bazofias comerciales. Un ignorante que soy yo.

Antología de mis súper-poderes #2: el vuelo

Después de explotar el súper-poder de la telepatía, le toca el turno al vuelo. Aunque claro, en mi caso, mejor hubiese sido dárselo a otra persona.