Partamos del hecho de que defiendo el uso de catalán tanto como del castellano, y que para mí no existe una lengua por encima del otro. En ningún momento me refiero a leyes, me basta el sentido común y la imprescindible libertad del individuo. La razón me lleva a apoyar cualquier modo de expresión en catalán, y quiero pensar que debates de supremacías pertenecen -aunque sé que no- al siglo pasado. Esta no es una entrada sobre co-oficialismos, sin embargo.
Traducir al catalán
martes, 26 de enero de 2010
Esta entrada viene porque reivindico el placer de la lengua original. Reivindico leer y escuchar en la lengua en la que la expresión fue creada, y si bien entiendo que las traducciones y doblajes son imprescindibles, en ocasiones talentosos, también lamento que quien puede disfrutar del arte en su lengua original, prefiera hacerlo en adaptaciones secundarias.
Suponiendo que todos los catalanes conocen el castellano, me apena comprobar la cantidad de libros que se traducen a su lengua. Y advertencia a ese troll que ya está escribiendo insultos en comentarios, sea cual sea su secta: no me refiero a los libros que vienen de fuera, que previamente fueron traducidos al español, porque esos libros merecen tanto estar en catalán como en la lengua de Cervantes. Jamás insinuaría nada contra esas traducciones, por favor.
Me refiero a los libros y películas que brotaron en castellano. Ojalá esos lectores comprendan que su placer de lectores se pierde un poco por renunciar a una lengua original que conocen a la perfección. Ojalá todos pudiésemos leer en más de una lengua. De ser así, nadie necesitaría las traducciones.
Valoro la versión original cuando puedo acceder a ella, y aunque comprendo que el caso del castellano al catalán no funciona a la inversa (en tanto que no todos los españoles conocen el catalán), me quise beneficiar de mis conocimientos de valenciano para leer en versión original el libro Mecanoscrit del segon origen. Si los catalanoparlantes tienen a su alcance leer en español, no me iba yo a privar de leer a Manuel del Pedrolo en la lengua en la que concibió su obra.
Fue desastroso. Comprobé que si bien leía el libro, mi nivel de catalán era peor de lo que creía. Además, el libro me aburrió. Pero en cualquier caso, y que sirva de conclusión: si tienes ocasión de leer en la lengua original, ¡hazlo!
Rectificación
domingo, 24 de enero de 2010
Pensaba que había escrito de esto alguna vez, pero el buscador me dice que no. Lo que estoy seguro es que lo he pensado, y que por lo tanto, me atribuyo mi crimental. Empezaré por el principio, no os vaya a liar.
Las mujeres que denunciaban a sus maridos ante la primera bofetada, me parecía que cometían un error; que un hombre no es maltratador por dar una, SÓLO UNA, bofetada, y que colgarle el sambenito por alguno que seguramente no vuelva a hacer jamás es algo así como una injusticia. Creía que había que observar el contexto y que si bien ese golpe nunca estaría justificado, también era posible que nunca se fuese repetir.
Después de meditarlo durante mucho tiempo, retiro lo dicho: quien da una bofetada ya ha cruzado las puertas del delirio. A nadie se le escapa la mano si no es violento. Lo sé de propia experiencia, porque a mí no se me escapa jamás. De modo que voy a rectificar en público de aquel crimental: quien da la primera bofetada, distancia y a correr. Indulgencia cero. Yo ya no me podría fiar.
El más madrileño
viernes, 22 de enero de 2010
Aquí faltó el que decía "¿Qué demonios? Los más madrileños de todos somos los valencianos. ¿Quienes si no iban a hacer las paellas?".
Fuera coñas, adoro Madrid. Tanto como amo Valencia. Y me siento muy identificado con este anuncio.
Supongo que llegará el día que me vaya de aquí. Lo que me llevo es algo mucho más grande que una ciudad. Es un mundo hecho a mi medida, una vida impresa en sus calles.
Consejos para autores noveles
miércoles, 20 de enero de 2010
No escribo este artículo en calidad de autor, sino simplemente como lector de manuscritos. En los últimos años he colaborado en los departamentos de lectura de distintas editoriales de grandísimo peso y me veía en la tesitura de decir «Esto sí», «Esto no». Eso no quiere decir que lo que a mí me gustase se publicase seguro, pero en lo que a los rechazos se refiere, sospecho que los editores suelen acatar la decisión del 99% de nuestros informes. Cada uno cuesta dinero y la economía no está como para pagar un segundo informe cuando el primero te ha puesto el título por los suelos.
La mayoría de editoriales que cuenta con su departamento de lectura, casi siempre freelance, hace una criba inicial muy por encima. Alguien se toma el curro de leer un montón de manuscritos a vuelapluma y seleccionar aquellos que merecerán un informe de lector, y tened por seguro que cuanto más eliminen ahí, mejor, porque menos gasto les supondrá después. Cada informe suele rondar entre los 50 y 75€, según extensión de páginas y editorial. Cuando se trata de un futurible bombazo no duele, pero si es una patraña de libro, desembolsar ese dinero no nos gusta a ninguno. Sobre todo porque es gasto de un libro del que jamás vas a sacar ni un céntimo, en tanto que ni lo vas a publicar. Claro que para eso, me temo, primero tiene que haber un informe. Y aquí vienen mis humildes consejos para enfrentaros a esos "informadores" con la mejor nota posible. Por un lado está vuestro manuscrito, que se presume sensacional. Pero incluso con ese manuscrito no estará de más que toméis nota de estas advertencias, recopiladas por mi experiencia y otros informadores:
- Incluye un resumen de máximo una página. No pienses que el lector va a aguantar hasta el final para saber de qué trata tu novela, y que bien le valdrán los primeros -aburridos, o no- capítulos. Muchas editoriales permiten que el lector no termine la novela si es un bodrio, haciendo un informe transversal. Si lo mejor de tu historia está en la conclusión, asegúrate de decirlo en el resumen, aunque eso signifique destripar el libro.
- No des más información de ti de la imprescindible. Esto quiere decir: tu nombre completo, teléfono, dirección y un correo electrónico. Si has publicado otros libros no está de más saberlo, aunque los premios impresionan muy poco al lector (si has ganado el Premio Relato Breve del Ayuntamiento de Calpe puedes ahorrártelo; a menos que se trate de un galardón de renombre, en cuyo caso ya te conocerán por el nombre, no incluyas tu palmarés. A la mayoría de lectores les importa bien poco). Entre tu información no importa si te dedicas a arreglar desagües o si eres profesor del instituto Ángel Ayala, no cuentes tu vida. Ni siquiera tu edad, ¡ni eso importa! Y por favor, y esto lo cuento por experiencia: no hables de los muchos amigos escritores que tienes. Leer cosas así dan vergüenza ajena y describen una inseguridad apabullante. Ser amigo del Rey no te servirá de absolutamente nada, a menos que la Casa Real compre 10.000 ejemplares. Si no es así, ¡corta!
- Datos como «El nombre está registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual...» suenan a «Ni se te ocurra plagiarme, porque te perseguiré». Puede que no sea tu intención, pero no hace falta que lo pongas. Con que tú sepas que está registrado es suficiente.
- Si se trata de una saga, no lo digas. Las sagas disuaden de inmediato, si no al lector, al editor. Escribe un libro lo suficientemente auto-conclusivo como para ser publicado de forma independiente, de modo que el lector pueda escribir en su informe «Mola mogollón, y encima podría tener segunda parte». Esa será tu mejor estrategia para publicar su continuación, o por lo menos, para que el editor no lance tu obra directa a la papelera. Publicar una saga es muy arriesgado, hay que entenderlo. No asustes con ello: si crees que vas a impresionar al hablar de siete continuaciones, te advierto que será todo lo contrario.
- No le pidas imposibles a la editorial: que te digan qué les ha parecido el libro, por ejemplo. Pensarán que eres un recién llegado y no te tomarán en serio. Asume que es muy probable que nunca te respondan, y que si lo hacen, será con un escueto «Muchas gracias; ¡el siguiente!». Es un sistema que no vas a poder cambiar, al menos desde tu posición.Tampoco llames a la editorial pidiendo una resolución. Ellos llevan su procedimiento y así sólo les vas a caer mal. No te van a hacer más caso porque seas un coñazo, te lo aseguro.
- Sé humilde, pero sin caer en el ridículo. Cuanto menos lírica le metas a tu presentación, mejor. Si tus intenciones pueden resumirse en un «Envío este manuscrito para su valoración. Muchas gracias.», mejor que si empiezas con que si tu honor, privilegio u orgullo para la editorial. Se leen cosas muy estúpidas por ahí.
- ¡Evita comparar tu libro con otros, a menos que se trate de una editorial muy comercial que quiera la copia de X libro! Si tu novela tiene parecidos con otras, no hace falta que lo digas explícitamente. Si quieres insinuar algo, déjalo en la insinuación. Los lectores y editores conocen bastante los catálogos como para necesitar que les digas concrétamente a qué libro te refieres.
- Vayamos al texto: evita tipografías extrañas. Vete a lo común y lo corriente, igual que con el tamaño de letra. Por mi experiencia, no es necesario que le pongas interlineado. Sí te aconsejo que si envías el manuscrito por email, lo hagas en .pdf.
- Evita empezar los libros con citas. A mí no me molestan, pero conozco otros lectores que tienen una opinión muy negativa «de los autores que necesitan empezar con cinco citas». Por ellos, evítalo. O por lo menos, evita abusar del recurso de citas. Yo creo que con una es más que suficiente.
- Haz una rigurosa corrección a tu manuscrito antes de enviarlo. Una cosa es que el lector esté acostumbrado a leer faltas y otra cosa que sea el ser más indulgente del mundo con ellas. No te conformes con tu revisión de ortografía y estilo, pídele a alguien que le haga otra. Y luego vuelve a hacerla tú. Con este consejo le entrarás mejor por el ojo.
Luego, que la historia merezca o no la pena, ya lo pones tú. Pero no seas tan ingenuo como para creer que un lector de manuscritos pasará por alto todas tus faltas porque tu manuscrito es una Obra del Señor. Estos consejos no harán que publiques tu libro, pero al menos lograrán que el lector no empiece con una percepción negativa, algo que no sabes hasta qué punto es importante. El positivo ya depende de ti.
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