Header

HarryLatino y yo [y el documental]

Siempre he pensado que como mi sueño más repetido es un recuerdo de cuando me cambié de colegio a los doce años, aquello tuvo que ser por fuerza el hecho más significativo de mi vida. Luego estaría el cambio a la universidad, también importante, y por supuesto el día que me fui a vivir a Madrid. Sin embargo, ahora no estoy tan seguro de que nada de esto haya afectado tanto a mi vida como otra razón. Una razón que de hecho, ha afectado a todo el orden de mi vida. Estoy hablando de HarryLatino. Para quien no la conozca, HarryLatino es una gran comunidad de Harry Potter en castellano de alcance mundial. Es un sitio fan, sin más oficinas que los ordenadores de nuestras habitaciones, pero creció tanto y tanto que produjo un fenómeno social al que no encuentro referentes en el resto de la red, a excepción de las webs multinacionales que participan en la bolsa. Quizá por eso nunca se tomó en serio, y eso fue lo mejor que nos pudo pasar: creamos un espacio de dimensiones que nos sobrepasaban, pero no teníamos que rendir cuentas a nada ni nadie. Nosotros plantamos una semilla y creció tanto que no alcanzamos a ver el final. Somos responsables de la raíz, pero no sé hasta qué punto podemos atribuirnos los frutos. Ni nosotros mismos podíamos imaginarlo. HarryLatino cumple hoy diez años, una edad impresionante tratándose de internet. En realidad, diez años ya son muchos para cualquier cosa, pero mucho más en internet. Y son diez años sanos, maravillosos, de continua transformación, en los que se logró lo máximo cuando ya teníamos lo mejor, y posteriormente, mantuvimos el tipo pese a que la llama de la saga se apagaba después de publicarse el último libro. HarryLatino ha vivido todos las emociones humanas a lo largo de una década, ha conocido cientos de colaboradores y puede presumir de haber sigo el máximo referente en una de las principales búsquedas de Internet, algo que muy pocos consiguen. Pero es que además de sus contenidos variopintos (nadie tenía noticias exclusivas como nosotros, ni una galería de imágenes tan grande, ni una enciclopedia, ni una web de fanfics, ni nada parecido a lo que nos hizo y la hace la favorita), HarryLatino consiguió crear un fenómeno social que sobresalía al creado por la propia J.K. Rowling. Porque sí, ella creó los libros, pero lo que surgió en HarryLatino excedía todo aquello: congregaciones en todos los rincones de España y América Latina, personas que se conocían y enamoraban, personas que se han casado y tenido hijos, personas que utilizan muletillas de HL en su vida diaria, personas que son hoy esas personas porque pasaron por HarryLatino y los marcó para siempre. Hablamos de miles y miles de personas. Y uno más de todas esas personas fui yo.

Aunque siempre me esforcé (más después de unos primeros desengaños de los primeros años) por mantener mi vida personal de la "profesional" (por más que HarryLatino fuese una afición), siempre afectó en mi vida. No quería que mis amigos fuesen los de la web, pero no pude evitar que algunas personitas que colasen en mi mundo de la forma más discreta, para quedarse hasta nuestros días. He hecho amigos donde a simple vista sólo había bits, he aprendido en psicología lo que no enseñan los manuales y tengo dotes de dirección, consecuencia de ser director de una comunidad con más de cien colaboradores, que bien le vendrían a cualquiera que se lance ahora al mundo empresarial. He aprendido en diez años lo que uno puede no aprender en toda una vida. Sin HarryLatino jamás hubiese visitado América Latina (al menos, como lo hice) ni conocido a actores del reparto en Londres. Tampoco hubiese estado ante la mismísima Rowling dentro del Museo de Historia Natural, dedicándome el séptimo libro. Con mi experiencia pottérica llegué a publicar un libro que fue uno de los más vendidos del verano de 2009. También gracias a HarryLatino he viajado por España y, aunque quisiese negarlo, jamás podría ignorar un hecho trascendental: que hoy por hoy me dedico a lo que me dedico gracias a mi paso por HarryLatino. Toda mi experiencia profesional, la misma por la que hoy vivo en Madrid (¡algo tan importante como mudarse de ciudad!), tiene su origen en que un día fui el director de esta gigantesca comunidad. Aquello me facilitó conseguir algunos trabajos, y si hoy los que me contratan no saben qué es HarryLatino ni lo que yo tengo que ver, yo sí tengo muy claro que si hago marcha atrás en mi vida laboral, todo se remonta a la misma web. Hoy no me dedicaría a lo que me dedico ni tampoco viviría en Madrid si HarryLatino no hubiese existido para mí. ¿Cómo no voy a estar feliz porque esta web cumpla hoy diez años, cuando le debo prácticamente la mitad de mi vida? La otra mitad no tiene nada que ver con Harry Potter ni HarryLatino. La mayoría de mis amigos ni siquiera han leído la saga, y siempre lo he preferido así. Pero nadie puede ignorar, y yo lo veo ahora con más claridad que nunca, que hoy estoy donde estoy porque una vez me crucé con la mayor comunidad del niño mago y fuimos de la mano durante diez años. Que la deuda de vida que tengo con HarryLatino no la tengo con nada ni nadie. Feliz décimo aniversario. Diez años es casi la mitad de mi vida. Pero es que HarryLatino ha afectado tanto a mi vida y futuro, a mi trabajo y la ciudad en la que vivo, que media vida me parece poco para compensarlo. Y para terminar, un documental de HarryLatino que ha preparado Vito:

Sexo en Nueva York

Acabo de terminar de ver las seis temporadas de Sexo en Nueva York, que gracias a mi buena dosificación me han durado casi cuatro meses, y vaya, estoy un poco en ese estado en el que nos quedamos todos cuando termina una serie que nos gusta (nada que ver el fin de Perdidos, cuando mi estado se paseaba entre la indiferencia y la indignación). La serie de las cuatro neoyorquinas me ha parecido sobresaliente, con cuatro personajes apasionantes, y lo que más me ha gustado (como cabía de esperar, porque siempre es mi trama favorita), la fuerte amistad entre ellas. El tema de la amistad es mi favorito en cualquier serie o película.
No se puede tener un mínimo de cultura de televisión e ignorar Sexo en Nueva York. Sin embargo, mis prejuicios la clasificaban como una historia hembrista, exclusiva para público femenino, con el sexo como principio y final y nada más con lo que entretenernos. Me equivocaba: Sexo en Nueva York es una serie protagonizada por cuatro mujeres, sí, pero cuatro mujeres que quieren aspirar a lo máximo -y lo pueden conseguir- en un mundo donde los hombres, admitámoslo, hemos gobernado sin su permiso durante demasiado tiempo. La justa igualdad a la que nadie puede decir ni pío, vamos, y en cuanto al sexo, es un tema tratado con comicidad y sin -casi- vulgarismos,  igual que las relaciones, tan importantes a lo largo de las seis temporadas. Tanto las relaciones entre ellas como con sus parejas están cuidadas al detalle. Uno puede emocionarse con los avances sin necesidad de ser mujer. Solamente es una historia humana.
Reconozco que la segunda mitad de la última temporada me ha tenido con los ojos húmedos todo el tiempo, pero es que ya veía el final. Los dos episodios del desenlace, sin embargo, tenían los guiones más flojos de toda la serie, lo cuál es para enviar a los guionistas al cuartelillo, porque una serie así no se merece unos diálogos tan insulsos, aunque la historia siguiese siendo buena. Un poco de espóilers: detestaba el personaje del ruso y lamento que haya salido tantos episodios. Tampoco entiendo el final de Samantha, es innecesario (y su pareja sólo podía aspirar a un cameo. Su interpretación durante taaaantos episodios empaña todo el final. ¿A quién se le ocurrió? Todo lo que lo rodea es un error). Sin embargo, me encantó el final de Miranda, Carrie y Charlotte. Después de tantos episodios, uno no puede evitar empatizar con sus finales y emocionarse como si estuviese en la misma mesa de su café de Nueva York.
Qué lástima que la serie haya terminado. Las películas ya las veré, pero con la serie he cerrado un círculo. Ahora tendré que buscar otra serie que me enganche, a poder ser de no más de veinticinco minutos el capítulo, y situarla en mi parnaso televisivo personal. ¿Alguna sugerencia para empezar?

PROYECTO ENTRADA N.º 1.000 (necesito tu colaboración. No ignores la entrada)

Jopé, tengo que empezar a pensar en algo, porque en cuestión de un mes o dos Crónicas Salemitas alcanzará la entrada número mil desde su creación. A ver, focos, que hay que dar rigor al momento.

CRÓNICAS SALEMITAS.
CASI MIL ARTÍCULOS.
Mil artículos es algo mucho más emocionante que celebrar tres años de blog. El tiempo pasa para todos, pero a mil sólo se llega cuando se tiene constancia y, para qué engañarnos, bastante verborrea y ganas. Quedan menos de veinticinco entradas para llegar a la número mil, y al ritmo de publicaciones de Crónicas Salemitas, eso significa que el día llegará a finales de 2010 o comienzos de 2011. Se me ocurren algunas cosas que puedo hacer, aunque todo se parece a las entradas de los aniversarios (que no son nada interesantes, para qué engañarnos). Pero hay otra opción, alternativa a la posible entrada lacrimógena de siempre que todos preferimos evitar. Dado que Crónicas Salemitas es lo que son sus lectores (por mucho Cronista de Salem que sea servidor, me diréis qué es Salem sin sus habitantes salemitas, es decir, vosotros). Estaría bien que la entrada 1.000 la hicieseis vosotros, pero como daros a todos acceso al panel de administración puede ser un poco desastroso, y tampoco me gusta dar directrices, quiero que os animéis a hacer lo que se os ocurra. El caso es celebrar las mil entradas de Crónicas Salemitas a lo grande, pero no para regodeo del autor, sino de todos vosotros. La cifra de tres ceros puede servir para cantar las cuarenta a Cronista, sacarle los colores con sus incongruencias o señalar todo en lo que está equivocao. También podéis escribir sobre qué debates os han resultado más interesantes, en qué habéis cambiado de opinión (ya sea por mí o por el argumento de otro comentarista) e incluso si alguna vez ha afectado a vuestras vidas. Podéis expresarlo por escrito, con dibujos, por escrito-y-dibujos-en-lo-que-se-llama-comúnmente-viñetas, canciones, grafittis, fotos, videos (o videoblogs), cartas abiertas, ¡lo que se os ocurra! Pero si lees Crónicas Salemitas desde hace tiempo, ya sea desde la entrada número uno, la doscientos doce o la ochocientos dieciséis, y el blog significa algo para ti (aunque ese algo sea algo tan valioso como rellenar los minutos que tarda en hacerse la tostada. Yo con eso estoy más que satisfecho), anímate a participar. Yo he escrito un millar de artículos, he superado de largo el medio centenar de viñetas (y algunas eran cómics con muuuchas viñetas) y en ocasiones hasta me he dejado fotografiar, aunque vale, esas ocasiones han sido bastante anecdóticas. Crónicas Salemitas me apasiona por vosotros. Ahora os pido, amo de casa del Perú o ingeniera de caminos de Tous, estudiante de Montevideo o librero de Santander, que seáis vosotros los que hagáis, con la suma de todos, la entrada más especial, la que da auténtico sentido a todo esto. Sé que puede dar pereza, pero el resultado puede ser muy chulo y gratificante. Que luego no participará nadie y diréis "¡si lo llego a saber...!", que os conozco bacalaos, pero sé que este blog tiene un buen puñado de lectores aunque lo lean en la sombra, y sería absolutamente maravilloso que salieseis a la luz por una vez, de la forma que queráis, del modo en que os sintáis más cómodos. Se trata de hacer una entrada número mil que cuando uno la vea/lea/escuche, se pueda entender todo lo anterior.
Para participar: enviad vuestras participaciones a cronista.salem [arroba] gmail.com con el asunto "Entrada mil". Hacedlo pronto, porque aunque la entrada mil no tenga fecha, cada día se acerca un poco más. Si conocéis a antiguos salemitas que se desengancharos también podéis comentárselo. Gracias de antemano. Ahora sois vosotros los cronistas salemitas.

No sé cómo te atreves


Los Planetas con La bien querida. Ya sé que las canciones que pongo en el blog son lo más impopular de Crónicas Salemitas, pero este tema refleja sorprendentemente bien mi vida reciente, y lo expresa mucho mejor de lo que lo podría hacer yo. Tomadlo como una entrada en verso.