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Todo lo que diré

Es que no puedo decir nada.

Bloguero "profesional"

Meses después se pueden contar estas cosas. Una vez fui bloguero profesional, redactor en pos de promociones. Y no firmé con ningún nombre conocido, lo que fue doblemente divertido.

Con el lanzamiento de Alas negras, el novelón de Laura Gallego, creé por encargo el blog Leyendo Alas negras. Las pautas eran simples: un lector que vive la ansiedad previa al lanzamiento, y el éxtasis posterior. Podría haber escrito con mi nombre (mi nick, se entiende) pero lo cierto es que ya había leído el libro con anterioridad, cuando todavía no era el texto definitivo (no estoy contando nada que no deba. El "Pablo" que aparece en los agradecimientos es todo un honor para mí) y mis reacciones no iban a ser las mismas. De modo que creé un personaje, Brel, con su aspecto y psicología. También le creé una situación familiar y social, además de un puñado de anécdotas, y el resultado fue un blog que disfruté de principio a fin y del que todavía hoy me siento orgulloso. Incluso dibujaba viñetas para cada entrada, y me dio lástima cuando llegó a su fin. Como todo trabajo, tenía su fecha de conclusión. Eché tan en falta a Brel que no paré hasta que le encontré una historia para el solito. Ya la escribiré algún día. Dediqué meses a planificarla, aunque listo de mí, me dejé todos los papeles en Valencia.
Por si alguien quiere cotillear, y ojalá pasar un buen rato, está a tiempo de leer Leyendo Alas negras (aconsejo leer de la entrada más antigua a la más actual, porque hay sub-historias). Y también Alas negras, el libro propiamente dicho, of course.

Una semana sin electricidad

En escasos minutos bajaremos los plomos de la casa. Durante los próximos días y siete noches, nuestro piso vivirá sin electricidad, como en los antiguos tiempos, alumbrados únicamente por las luces de las velas y al calor del sistema de gas. Las duchas, cuando no frías, a base de cazos de cocina. Y no es por ningún impago de factura: es que nos gustan los experimentos, probarnos a nosotros mismos, y oye, ¿acaso no tenemos esa edad en la que nos podemos permitir hacer todas esas gilipolleces interesantes que no hacen daño a nadie, y que nos sirven para ponernos en el lugar de los que no se quedan sin luz por gusto, sino por no tener?

No sé cómo van a ser los próximos días. La semana vegetariana fue horrible, no sé cómo será esta. Al menos, sí podré utilizar electricidad fuera de las puertas de casa, mientras que la abstención de carne y pescado me acompañaba allá a donde iba. Pero ni por esas creo que esta semana sea mejor, sobre todo cuando el frío aprieta (y gracias a Dios que no aprieta pero bien). Hay mil comodidades que vamos a empezar a valorar a partir de no tenerlas. Y sin embargo, sé que podremos sobrevivir. Aprendí mucho como vegetariano, y hay cosas que hoy no haría de no ser por aquel experimento. Espero sacar tanto en claro con la semana sin luz.

Así fue Halloween

La única foto que tengo de ayer la he mangado de El Cazador de Libros. Yo iba de Max, de Donde viven los monstruos. Ni qué decir que fue el mejor disfraz, o eso me dijeron los angelitos de la vecina de Valencia.